Convento e Iglesia de San Agustín, Tunja. ColombiaLos agustinos aparecieron en Tunja a partir de 1568, ya en 1603 las obras de su iglesia y convento quedaron terminadas. Durante años fue convertido en casa de reclusión, lo cual hizo que el convento se encontrará en muy mala condición. En 1979 se trabajó para restituirlo en sus aspecto original. El hermoso claustro consta de arcos de medio punto en ambos niveles; los arcos van subrayados por tres molduras concéntricas que les sirven de cejas. La comunicación entre ambos niveles se lleva a cabo por una escalinata que se bifurca en dos rampas al llegar al primer piso. Los muros del edificio son de mampostería y tapiería alcanzando un espesor descomunal. La facha de la iglesia quedó mucho tiempo oculta por construcciones adventicias. Su característica más interesante es un esbelta espadaña con cuatro aberturas en formas de arco de medio punto. Actualmente el convento esta destinado al área cultural, administrada por el Banco de la República, biblioteca, lecturas, talleres y demás eventos enmarcan los corredores del antiguo convento, al igual que los calabozos que en su tiempo sirvieron como cárcel.

Historia del Arte Colonial Sudamericano, Damián Bayón et. al, Ediciones Polígrafa, 1989, p. 260

Nació en la ciudad de México alrededor de 1635, hijo de Sebastián Rodríguez e Isabel Beltrán. Hacia 1650 ingresó al taller de José Juárez. Se casó con la hija de su maestro, Antonia, el 8 de septiembre de 1659. Tuvo por hijos a los pintores Juan y Nicolás Rodríguez Juárez. En 1665, intervino como testigo de la demanda que interpusiera su suegra doña Isabel de Contreras contra el virrey Conde de Baños por el adeudo de unos cuadros de su esposo ya difunto. En 1676 hizo un aprecio de pinturas. Tenemos noticias suyas de nuevo hasta el 1 de agosto de 1681 cuando, en representación de los pintores y doradores, acudió antes las autoridades de la ciudad de México, junto con José Rodríguez Carnero, para solicitar la promulgación de nuevas ordenanzas para el gremio, El trámite tuvo éxito, puesto que el 17 de octubre de 1686, fueron aprobadas y mandadas expedir por el virrey Conde de Paredes. Para 1688 funge ya como veedor y examinador de su gremio. Ocupa de nuevo el cargo, junto con Cristóbal de Villalpando, en 1690 y 1692. No se sabe la fecha de su fallecimiento pero debe ser cercana al final de siglo XVII.

Existen bastantes obras de este artista: Santo Tomás de Aquino, Santo Tomás de Villanueva y San Agustín de 1665; en la parroquia de Coyoacán un San Antonio; en la sacristía del templo de Churubusco un lienzo con las Ánimas del Purgatorio. En el templo de la Profesa varias telas firmadas por él. El arte de Antonio Rodríguez representa la transición entre la pintura de los grandes maestros y el comienzo del siglo XVIII.

Arte Colonial en México, Manuel Toussaint, UNAM, 1962, p. 114, 117, 118, 119, 120, 122, 123, 131
Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, RUIZ GOMAR C., ROGELIO, EL PINTOR ANTONIO RODRIGUEZ Y TRES CUADROS DESCONOCIDOS, 1983, vol. XIII, núm. 51, pp. 25-36

San Agustín - Antonio Rodríguez

El arte cristiano, más que cualquier otro, concede un valor considerable a las virtudes de los números, bien porque conserva el recuerdo de las doctrinas neoplatónicas, bien porque los teólogos se sirven de ellos por ser un medio mnemotécnico cómodo para la instrucción religiosa de los iletrados

La cifra 1, que no puede dividirse sin dejar de existir, es el símbolo de Dios Padre.

La cifra 2 designa las dos naturalezas de Cristo, divina y humana.

El 3 y el 4, que sumados dan 7 y multiplicados 12, son los números a los que el cristianismo atribuye una mayor virtud. En el pensamiento de San Agustín expresan, respectivamente, el alma y el cuerpo, el espíritu y la materia; sumados o multiplicados, designan la unión del alma y del cuerpo en la criatura humana y la Iglesia universal.

3 es la cifra de la Trinidad, simbolizada en el Antiguo Testamento por los tres ángeles en la mesa de Abrahán. En la construcción de iglesias, hacen alusión a la Trinidad el triple ábside y las tres portadas de la fachada. También es la cifra de los Reyes Magos que representan las tres partes del mundo conocidas en tiempos de Cristo.

4 es el número al que corresponden los elementos, las estaciones, los ríos del Paraíso, lso temperamentos o complexiones del hombre, así como los evangelistas, los profetas mayores, los padres de la Iglesia, las virtudes cardinales y, después del descubrimiento de América, las partes del mundo.

A la cifra 5 corresponden los cinco libros de Moisés, las cinco llagas de Cristo, las cinco vírgenes necias y prudentes, los cinco sentidos.

A la cifra 6, símbolo de perfección, los seis dís de la Creación.

7 es un número particularmente augusto que se obtiene sumando 3, cifra impar de la Trinidad divina, y 4, cifra par del mundo compuesto de cuatro elementos. Se aplcia a la Creación, a los dones del Espíritu Santo, a los gozos y dolores de la Virgen, a las virtudes cardinales y teologales (que se contraponen a los siete pecados capitales), a los sacramentos, los planetas, las edades de la vida, los días de la semana, las artes liberales. Ocupa un lugar considerable en el Apocalipsis, donde se hace referencia a las siete iglesias de Asia, a los siete sellos, a las siete copas de la cólera divina y al dragón de siete cabezas. En la tradición evangélica el 7 representa la cifra de la gentilidad o de la universalidad.

El número 8 simboliza el renacimiento por el bautismo y la resurrección, razón por la que los baptisterio y las fuentes bautismales tienen a menudo forma octogonal. También se vincula con las bienaventuranzas y con los tonos de la música gregoriana.

La cifra 9 contiene tres veces el número de la Santísima Trinidad. Corresponde a los coros de los ángeles.

El 10 corresponde a los mandamientos del Decálogo.

11 significa el pecado, porque este número “transgrede” el 10, que es la cifra del Decálogo, y el pecado es la transgresión de la Ley.

El 12, producto del 3 multiplicado por 4, rivaliza en importancia con el 7, por ser la cifra no sólo de los meses del año y de los signos del Zodiaco, sino también, sobre todo, de las doce tribus de Israel, de los doce apóstoles y, por tanto, de la Iglesia universal.

El número 13 se consideraba que acarreaba desgracia.

14, dos veces 7, es la cifra de los 14 intercesores.

24 corresponde a los ancianos del Apocalipsis.

33 es el número de años de la vida de Cristo y por eso Dante divide en treinta y tres cantos su trilogía de la Divina Comedia.

40 es la cifra bíblica de los tiempos de prueba. El diluvio dura cuarenta días, así como el ayuno de Cristo después de su bautismo. Los israelitas erraron cuarenta años por el desierto antes de penetrar en la Tierra Prometida.

Miguel de Santiago, ayudó a llevar al arte colonial quiteño a su más acabada expresión. Nació en Quito entre los años 1620 y 30, hijo legítimo de Lucas Vizuete y Juana Ruiz, mestizos, vecinos de la colina de Buenos Aires, parroquia de Santa Bárbara, en las afueras de Quito. El apelativo Santiago lo tomó por haber sido adoptado legalmente por don Hernando de Santiago entre 1633 y 1636. Acontecimiento decisivo en su vida también fue el haber tenido como mecenas, en los comienzos de su carrera, a fray Basilio de Ribera, personaje de gran importancia entre los agustinos, quien le encomendaría los lienzos de la vida de San Agustín que se colocaron en los claustros bajos del convento, cuando el artista contaba apenas veinte años.

Un documento de 1659 indica que en ese año adquirió una casa de vivienda a doña Beatriz de Aponte, la misma que había sido propiedad de doña Isabel de Artiaga, viuda de Juan Pacheco. Miguel de Santiago se casó en 1681 con doña Andrea de Cisneros Alvarado, y con ella tuvo a Isabel, Juana y Agustín. Antes de contraer matrimonio con Miguel de Santiago, doña Andrea Cisneros había tenido una hija, Georgina Cisneros. Su otra hija, Isabel, habida con Miguel de Santiago, tuvo una penosa vida y por una serie de documentos se conoce que siguió los pasos de su padre, junto con su marido, quien también pertenecía al ámbito artístico.

El testamento que firmó Miguel de Santiago en 1705 indica el nombre de sus herederos legítimos: Agustín, otro Agustín, Bartolomé, Isabel y Juana Cisneros. Los varones murieron, sin dejar herederos. Juana tuvo un hijo llamado también Agustín que quedó huérfano de madre a los ocho años de edad. Miguel de Santiago falleció el 5 de Enero de 1706.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 224, 225, 226

Virgen alada del Apocalípsis Miguel de Santiago

cristo en agonia Miguel de Santiagohttp://www.migueldesantiago.com

San Ambrosio de MilánVIDA Y LEYENDA

Es uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia latina. Nació hacia 340 en Tréveris, pero fue criado en Roma. Fue elegido obispo de Milán en 374, aunque era un simple catecúmeno. Fue él quien en 387 bautizó a san Agustín. Se hizo popular por la firmeza de que diera pruebas en 390 ante el emperador Teodosio, a quien prohibió el acceso a sus iglesia después de las matanzas de Tesalónica, hasta que el emperador hizo pública penitencia. Murió en Milán en 396, donde fue enterrado cerca de las reliquias de los santos Gervasio y Protasio, según sus deseos, y posteriormente, bajo el altar mayor de la basílica que lleva su nombre.

Su historia se adornó muy pronto con rasgos legendarios recogidos en la Leyenda Dorada. Como dormía con la boca abierta en la cuna que se había instalado en el patio de la casa paterna, las abejas se posaron sobre sus labios “entrando y saliendo de su boca como si quisieran hacer miel allí”. Es una leyenda que ya contaban los griegos a propósito de Píndaro y de Platón. Su aplicación a san Ambrosio se explica por un juego de palabras con ambrosía, el alimento de los dioses, que se asimilaba a la miel. Cuando el episcopado de Milán quedó vacante, una voz de niño se hizo oír, diciendo que Ambrosio debía ser elegido obispo. Se habría dormido un día mientras decía misa, y arrebatado en espíritu lo transportaron a la ciudad de Tours, en el momento en que se enterraba san Martín. De acuerdo con una tradición tardía del siglo XV, copiada de la leyenda de Santiago en España, san Ambrosio habría salvado a Milán en 1338 apareciendo a caballo en lo más álgido del combate, y poniendo en fuga a las tropas del emperador Luis de Baviera con un látigo de tres correas.

PATRONAZGOS

Es el patrón de los canteros porque éstos eran en su mayoría lombardos. Era también el patrón de los apicultores.

ICONOGRAFÍA

Está representado como obispo con báculo y mitra, y además caracterizado por numerosos atributos individuales tomados de su leyenda: un enjambre, un niño en la cuna, huesos (porque encontró las reliquias de los santos Gervasio y Protasio) y un látigo de tres colas.

Entre las escenas representadas se encuentran la de las abejas en la boca de Ambrosio en la cuna, el bautismo de san Agustín, cuando prohíbe entrar al emperador Teodosio en la iglesia, la invención de las reliquias de Gervasio y Protasio, san Ambrosio arrebatado en espíritu a Tours, san Ambrosio persiguiendo a los enemigos con un látigo y la apoteosis de san Ambrosio.

Fuente: Iconografía del arte cristiano, de Louis Réau.

Consta en la documentación tomando parte en la erección de San Agustín, entre 1705 y 1711, en calidad de obrero mayor que levantó la media naranja.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 195

Santa MónicaVIDA

Madre de san Agustín. Nació hacia el 330 en Tagaste, en el norte de África, y consiguió la conversión al cristianismo de su marido y de su hijo. En Milán se reunió con su hijo, y murió en Ostia en el 387, en el momento en que se disponía a embarcar hacia África.

PATRONAZGOS

Fue nombrada patrona de Ostia, ciudad donde murió. Junto a santa Ana, es la patrona de las madres de familia. Su cinturón se consideraba eficaz para facilitar los partos.

ICONOGRAFÍA

La relativa abundancia de su iconografía tardía se debe sobre todo al celo de los conventos de agustinos y agustinas, que la hacían pintar junto a los dos mayores santos de la orden: san Agustín y san Nicolás de Tolentino. Está representada con ropas de viuda o de matrona, con el velo y el griñón, asistiendo al bautismo de san Agustín o despidiéndose de éste.

Fuente: Iconografía del arte cristiano, de Louis Réau.