Nació en Madrid, España. En 1659 obtuvo el permiso del Cabildo Eclesiástico de Santa Fé de Bogotá, para construir en el sitio donde se había levantado la primera Catedral, una iglesia dedicada al culto del Santísimo Sacramento. El 28 de octubre de 1660 se colocó la primera piedra y la dirigió hasta su muerte en 1700. Fue enterrado en la Capilla del Sagrario.

La Capilla del Sagrario está situada en el Costado Oriental de la Plaza de Bolívar. Esta ha sido víctima de varios terremotos y vuelta a reconstruir en diferentes épocas. Actualmente sus puertas se mantienen cerradas durante la mayor parte del año y sólo se abren para ceremonias especiales. En su interior se conservan más de 36 cuadros de Gregorio Vásquez Arce y Ceballos.

Camilo Pardo Umaña: “Las Catedrales de Bogotá”. Boletín de Historia y Antigüedades. Volumen XXXIV, números 396 y 397, Bogotá, octubre y noviembre de 1947.

Retrato de Inca Garcilaso de la VegaFue un escritor e historiador peruano. “Primer mestizo biológico y espiritual de América“, “Príncipe de los escritores del nuevo mundo“, son algunos de los apelativos con los cuales se califica a este gran cronista mestizo. Nació en Cuzco, Gobernación de Nueva Castilla, el 12 de abril de 1539.

Era hijo del conquistador español capitán Sebastián Garcilaso de la Vega, de la nobleza extremeña, y de la ñusta o princesa inca Isabel Chimpu Ocllo, nieta del Inca Túpac Yupanqui y sobrina del Inca Huayna Cápac, emperador del “reino de las cuatro partes o suyos” o Tahuantinsuyo (nombre del Imperio incaico en su lengua nativa quechua). Estudió en el colegio de Indios Nobles del Cuzco, el Inca Garcilaso de la Vega recibió en Cuzco una educación al lado de los hijos de Francisco y Gonzalo Pizarro, mestizos  e ilegítimos como él, pero durante sus primeros años estuvo en estrecho contacto con su madre y con lo más selecto de la nobleza incaica, por ejemplo los hijos del emperador Huayna Cápac: Paullu Inca y Tito Auquí.

Sin embargo, su padre se vio obligado a abandonar a la princesa inca a causa de la presión de la corona porque los nobles españoles se casasen con damas nobles españolas, y así lo hizo para matrimoniar con Luisa Martel de los Ríos; sin embargo, no lo hizo sin conceder antes a su madre una cuantiosa dote, que le sirvió para casarse con Juan del Pedroche, un soldado peninsular, de la que tendría el inca dos mediohermanas, Luisa de Herrera y Ana Ruiz. Su adolescencia estuvo ensombrecida por las cruentas guerras civiles del Perú, y él y su padre padecieron la persecución de los rebeldes Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal.

La primera vez que el Inca Garcilaso de la Vega viajó a España fue a la edad de 11 años. Diez años más tarde, poco después de morir su padre, a los veintiún años de edad, el 20 de enero de 1560, cuando Garcilaso salió de Cuzco camino a España, emprendiendo un viaje que se mostró particularmente arriesgado desde la Ciudad de los Reyes (Lima) hasta Panamá y Cartagena de Indias, para tomar la ruta de los galeones hasta la Habana y las Azores, donde un marinero portugués le salvó la vida antes de llegar a Lisboa.

Tras una breve estancia en Extremadura, donde visitó a unos familiares, se estableció en el pueblo cordobés de Montilla donde residía su tío Alonso de Vargas. Luego, en 1561, fue a Madrid a pretender algunas mercedes que se debían a su padre, y allí conoció al conquistador Gonzalo Silvestre, quien le suministraría numerosos datos para su obra La Florida. Abandonó el nombre de Gómez de Figueroa y firmó ya para siempre con el de Garcilaso de la Vega, por el que será conocido.

Como su padre, logró el grado de capitán, y tomó parte en la represión de los moriscos de Granada bajo el mando de don Juan de Austria y, más tarde, conoció las obras del filósofo neoplatónico León Hebreo, cuyos Diálogos de amor traducirá. Entre 1570 y 1571 se entera de la muerte de su madre y de su amado tío Alonso de Vargas. Poco después, el fallecimiento de su tía política Luisa Ponce le hizo relacionarse indirectamente con Luis de Góngora y en Montilla coincidió con Miguel de Cervantes, que recaudaba fondos para la corona. En 1590 dejó las armas y entró en la religión.

Se trasladó a Córdoba en 1591, y se relacionó con algunos doctores, como el jesuita Juan de Pineda, quien le instó a preparar un comentario piadoso de las Lamentaciones de Job. Buscó relaciones de soldados asistentes a la conquista de La Florida y encontró dos, la de Alonso Carmona y la de Juan Coles, que le obligaron a retocar lo que ya tenía escrito sobre Hernando de Soto. En 1605 publicó el resultado en Lisboa con el título La Florida. Murió en Córdoba, España, el 23 de abril de 1616.

De los seis personajes vinculados por parentesco al apellido Antonelli, el único que nació en España fue Juan Bautista Antonelli, hijo de Bautista Antonelli y de María de Torres. Juan Bautista Antonelli, en varios documentos identificado como “el mozo” a fin de evitar confusión con la repetición del nombre, nació en Madrid en el año de 1585, un año antes del viaje que Bautista, su padre, realizó al Caribe en 1586. Hasta la edad de 19 años casi no tuvo contactos con su padre y, seguramente, sólo pudo estar con él en 1588 (tenía tres años) cuando Bautista y Juan de Tejeda, gobernador de Cuba, regresaron a Madrid para tratar múltiples puntos del proyecto defensivo del Caribe. En 1589, Bautista Antonelli padre, regresó a Cuba y no fue sino quince años más tarde, en 1604, cuando viajó nuevamente a Madrid. Para ese momento Juan Bautista tenía 19 años, es decir, una edad bastante madura como para acompañar a su padre al Caribe. Fue el viaje que los llevó a inspeccionar las salinas de Araya.

La visita a Venezuela, en Araya, Cumaná y la isla de Margarita fue relativamente corta; de allí siguieron hacia Cuba donde Cristóbal de Roda Antonelli estaba al frente de las fortificaciones desde 1594. En La Habana, Bautista Antonelli padre se separó de su hijo Juan Bautista quien, desde ese momento, quedó al lado de su primo Cristóbal de Roda. Roda era 24 años mayor que Juan Bautista, lo cual le asigna una edad de 43 años al momento de encargarse de su primo Juan Bautista “el mozo” que contaba con 19. Fueron 18 años de entendimiento, colaboración y amistad arraigada en un afecto familiar mucho más sólido del que tuvo con su progenitor. Cuando Bautista Antonelli murió en Madrid el año de 1616, dejó todos sus bienes a los Carmelitas Descalzos y a los pobres de Gatteo, su pueblo natal. Su hijo Juan Bautista, único heredero, ni siquiera se menciona en los documentos que reparten la herencia.

En 1610 viajó a España para informar a la corte del estado de las obras y, en 1618, repitió el mismo viaje para informar de los daños ocasionados por un fuerte huracán. Los daños fueron cuantiosos en las murallas y baluartes de la costa debido a los socavones producidos por el embate de las olas; además, varias zonas de la ciudad fueron anegadas causando daños en viviendas y depósitos.

En 1622 fue a la península de Araya, en Venezuela, para iniciar la construcción del castillo que iba a eliminar el robo de la sal que de manera descarada, pero muy organizada, los holandeses llevaban a cabo todos los años. Permaneció por ocho años seguidos al frente de los trabajos, hasta 1630, cuando el gobernador de Cumaná, Cristóbal de Eguino, lo envió a Madrid para informar al rey y a la Junta de Guerra de todas las obras realizadas y a punto de terminarse.

En Puerto Rico estuvo unos cuantos meses en el Morro, modificando la Puntilla y construyendo nuevas plataformas. Satisfecho con las intervenciones de Juan Bautista, el gobernador Henrique Henríquez le pidió que antes de regresar a Cumaná-Araya viajase nuevamente a Madrid para explicar las nuevas trazas que había delineado. Al llegar a la península se enteró de la muerte de su primo Cristóbal de Roda, acaecida el 25 de abril de 1631. El rey le confirió el título de Ingeniero Militar de Indias con sede en Cartagena y con el sueldo de mil ducados anuales, lo mismo que devengaba su primo Cristóbal de Roda.

Para el mes de agosto de 1633 se encontraba nuevamente en Araya y pocos meses después en Cartagena de Indias. En 1635 viajó a Puerto Rico donde inspeccionó y ordenó modificaciones en las fortificaciones de la ciudad y de la bahía. De Puerto Rico siguió para Cuba donde, en su calidad de Ingeniero Militar de Indias, “corrigió, reparó y aumentó sus fuerzas” tanto en La Habana como en Santiago.

Los últimos diez años de su vida los dedicó a las fortificaciones de Cartagena de Indias y Portobelo. En 1645 estaba construyendo el baluarte de Santa Catalina que, juntamente al de San Lucas, formaba el Frente de tierra de la ciudad amurallada. En diciembre de 1649 murió en esa misma ciudad y con su desaparición también se extinguió el apellido de los Antonelli en América.

Castillo de Santa Barbara - Juan Bautista Antonelli

Nació probablemente en España. En 1772 ingresó a formar parte de la plantilla de la Comandancia de Fortificaciones de Cartagena de Indias en calidad de ingeniero ordinario, a las órdenes de don Antonio Arévalo. En noviembre de 1773 viajó a España en uso de licencia. El 1 de mayo de 1774 firmó unos planos en Madrid destinados a perfeccionar el recinto de las murallas de Cartagena. Proponía dos soluciones: primero abandonar el arrabal de Getsemaní reforzando el antiguo recinto y defendiendo la Puerta del Puente; segundo, unir los recintos de Cartagena y Getsemaní formando una plaza grande compuesta de ciudad y arrabal. Para enero de 1776 regresó a Cartagena y trabajó en las obras de reparación del Canal del Dique. Pasó a Bogotá y proyectó el Palacio de los Virreyes y de la Audiencia. En 1780 dirigió los cuarteles de Bocachica. En agosto de 1781 regresó a Cartagena. Y el 26 de septiembre de 1781 fue destinado a Panamá de donde nunca regresó a Cartagena.

Las obras de Juan Jiménez Donoso en Cartagena no fueron tan importantes como las de sus antecesores. En su mayor parte se limitó a dirigir las obras proyectadas por Antonio Arévalo.

Enrique Marco Dorta: “Cartagena de Indias”. Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla. Sevilla, 1951. p. 186.

Pintor cubano, quien cultivó, sobre todo, el género retratístico y disfrutó de una sólida reputación en su época. Nació en La Habana en 1757, hijo de una familia negra acomodada, perteneciente a las cofradías de pardos y morenos libres. Aunque al nacer se inscribió como negro, se asegura que murió como blanco por haberse acogido a la Real Cédula de Gracias al Sacar (Aranjuez, 10 de febrero de 1795).

Se inició como autodidacta, pero, a mediados de la década de 1780, viajó a España, donde cursó estudios en la Academia de San Fernando de Madrid y entró en contacto con la pintura de Goya, de quien parece haber sido un ferviente admirador.

Escobar no sólo fue el primer pintor cubano en realizar este tipo de viajes de estudio, sino que, al parecer, también fue pionero en tener un taller independiente que, para 1820, se encontraba localizado en la calle Compostela Núm. 62, en La Habana. En este escenario, tuvo como discípulos a Juan del Río y al poeta y pintor Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido).

Su obra se desarrolla entre las dos centurias; por ello, se puede apreciar características de la pintura del siglo XVIII, particularmente, en el tema religioso, mientras que los retratos son más desenfadados, en especial, por las poses y actitudes de la clase burguesa que representa.  Dentro del repertorio de sus retratados, encontramos a varios Capitanes Generales de paso por la Isla (desde el Marqués de la Torre hasta Espeleta), así como a las señoras de las familias Bermúdez, Allo y otras de identidad no revelada, pero de evidente abolengo. Algunas obras suyas son La Benefactora (1819), Aquilina Bermúdez (ca. 1920) y el Retrato de Justa de Allo y Bermúdez (s/f).

Pese al prestigio que poseyó en vida, Escobar no figuró como maestro de la entonces recién fundada Escuela de Pintura y Escultura de San Alejandro (1818). El 15 de mayo de 1827, Escobar fue nombrado Pintor de Cámara del monarca español Fernando VII. Vicente Escobar y Flores murió en 1834 en la ciudad que lo vio nacer, víctima de una epidemia de cólera.

Vicente Escobar

Vicente Escobar

Antonio Arévalo fue el último de los ingenieros militares españoles que trabajaron en Cartagena. Sus construcciones han perdurado hasta nuestros días y constituyen la mayor atracción turística de la ciudad. Nace en 1715 en la Villa de Martín Muñoz de la Dehesa, cerca de Arévalo en Castilla la Vieja. El 1 de octubre de 1736 ingresó como cadete en el Regimiento de Orán, en donde estudió matemáticas por tres años. Para 1739 viajó a Madrid para comparecer ante la Real Junta de Fortificaciones y obtuvo el grado de Subteniente de Infantería y la patente de “delineador” apto para el ascenso a “Ingeniero Extraordinario”. Puesto que obtuvo el 4 de junio de 1741. Después fue destinado a Cádiz donde estuvo a las órdenes de don Ignacio Sala, quien era, ingeniero Director de las Fortificaciones de Andalucía.

El 6 de febrero de 1742 se embarcó para Cartagena por órdenes del Ingeniero Mac-Evan. En el camino conoció La Guayra, Puerto Cabello y Maracaibo. Levantó los planos de San Juan de Puerto Rico y de otras ciudades de las ciudades que visitó. El 29 de noviembre de ese año llegó a Cartagena. Allí levantó un mapa de la bahía de Carta y sus inmediaciones; pasó a Santa Marta, por orden del Virrey Eslava, donde también levantó planos e hizo además las obras necesarias para ponerla en defensa. Regresó a Cartagena y trabajó en el fuerte de San Sebastián del Pastelillo, en el baluarte de San José, en la construcción del cuerpo de guardia y cisternas del Castillo Grande y en los recalzos que se le hicieron a la muralla de la Marina. Trabajó en las obras del Dique de Boca Grande, proyectado por don Ignacio Sala. Viajó a Honda para construir un puente de cal y canto sobre el río Gualí. Viajó a Santafé, donde elaboró el proyecto, que ejecutó en gran parte, de una calzada de media legua de longitud con dos puentes en una llanura anegadiza.

En 1753 reemplazó a Ignacio de Sala, cuando éste visitó Portobelo. Trabajó en el fuerte de San Fernando a órdenes de don Lorenzo de Solís. En 1757 reemplazó a don Lorenzo de Solís, cuando éste marchó a Veracruz. Inició la demolición del castillo de San Luis y el saneamiento de las inmediaciones pobladas de ciénagas, que eran fuente de enfermedades. Se enfermó de gravedad. Dirigió los recalzos que se hicieron a los baluartes de La Merced, Santa Clara y Ballestas. En 1761 se le encomendó la misión de pacificar a los indios del Darién y de practicar el reconocimiento de aquellos territorios. Levantó un mapa general y varios planos de sus puertos y caminos, escribió un diario de viaje, así como una descripción de la provincia y de las ventajas que se obtendrían poblándola ya que ofrecía fáciles pasos hacia el Pacífico.

Para 1762 regresó a Cartagena que estaba en guerra con los ingleses y tuvo que encargarse de sus defensas: construyó las baterías de los cerros de San Luis, San Felipe y San Lázaro, hizo otras en Bocachica, reunió toda clase de pertrechos de guerra, y clausuró las puertas de Santo Domingo y Santa Catalina. Entre 1765 y 1771 trabajó en la construcción del dique o escollera, paralelo a la muralla, desde el baluarte de Santo Domingo hasta el de Santa Catalina. Este Dique sirvió de protección a la muralla de la Marina.

El 26 de julio de 1773 fue ascendido a Brigadier y poco después a Ingeniero Director. En 1782 fue nombrado gobernador interino de Cartagena. Continuó al frente de la Comandancia de Ingenieros de Cartagena y terminó por completo las fortificaciones. El 26 de febrero de 1791 fue ascendido a teniente general de los ejércitos. El 27 de septiembre de 1799 se le concedió pensión de retiro, nombrándolo a su vez Consejero del Estado Mayor del Ejército del Virreinato de Santafé. Muere el 9 de abril de 1800 en Cartagena.

Enrique Marco Dorta: “Cartagena de Indias”. Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispano Americanos de Sevilla. Sevilla, 1951, pp. 172-189, 260-264.

Plano realizado por Antonio de Arévalo de la bateria del angel San Rafael

Nació en España. Desde muy joven sentó plaza de soldado en la compañía que, al mando del Capitán Miguel de Redín, prestaba servicios en los Galeones de las Indias. Entre 1620 y 1623 fue ayudante del Ingeniero Alonso Turrillo de Yebra, con el que sirvió en Cartagena, La Habana, y otras ciudades, y con el que aprendió la arquitectura militar. En 1623 regresó a Madrid. Pero en 1624 fue enviado nuevamente a las Indias, para que continuase su aprendizaje con el Ingeniero Cristóbal Roda. Para 1627 fue nombrado suplente de Roda, para cuando él se tuviese que ausentar de Cartagena.

El 20 de noviembre de 1631 viajó de nuevo a Madrid por encargo del Gobernador de Cartagena, para dar cuenta del estado de las defensas y entregar los planos de la ciudad, del puerto y de las fortificaciones de la ciudad. Algunos de estos planos se encuentran todavía en el Archivo de Indias en España. El 23 de octubre de 1632 fue nombrado Ingeniero ayudante y reemplazó a Juan Bautista Antonelli (el joven) cuando este tuvo que ausentarse para Araya y Cumaná. Fue nombrado el año de 1637 Capitán de Artillería, por el Gobernador de Cartagena don Antonio Maldonado de Tejada.

En marzo de 1640 dirigió el salvamento de la nave capitana y de los galeones: “Buen Suceso” y “Concepción” que habían encallado en la bahía cuando trataban de pasar el canal de Boca Grande, logrando salvar más de 80 piezas de artillería.

Se sabe que hizo los planos del Fuerte de San Luis de Bocachica en 1642, asimismo el 15 de agosto de 1648 realizó un plano de una torre proyectada para que sirviera de plataforma al castillo de San Luis de Bocachica. Esta nunca se construyó. En 1649 fue nombrado Ingeniero Militar de las Indias, con carácter interino. El nombramiento definitivo lo recibió sino 5 años después. Ya con este nombramiento en 1654 hizo el proyecto de un muelle y espalda a la mar en piedra seca con el fin de remediar los daños causados a las murallas por el temporal de ese año.

El 11 de febrero de tuvo que viajar a Sevilla para rendir informe sobre las fortificaciones realizadas en el presidio de Cavite. En 1667 fue nombrado Castellano del fuerte de  San Felipe de Portobelo. Muere en Cartagena el año de 1670.

Enrique Marco Dorta: “Cartagena de Indias”. Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla. Sevilla, 1951. pp. 115-117.

Plano de Somovilla