Hacia 1740 nació en Nápoles, cuando este Reino era de España. En 1786 llegó a Santafé de Bogotá con el cargo de Teniente Coronel del Real Cuerpo de Artillería y Comandante en la Plaza y Provincia de Cartagena de Indias. En 1786 reparó la torre de la iglesia de San Francisco de Bogotá que había sido destruida por el terremoto de 1785. En 1791 levantó por orden del Virrey Espeleta, el plano de Bogotá. La ciudad estaba dividida en 95 manzanas y contaba con 31 templos, 8 conventos de regulares y 5 de mujeres, 2 colegios, una universidad regia y pontificia, algunos seminarios, 2 hospicios, un hospital, casa de moneda, teatro, observatorio astronómico, algunas avenidas y casas de campo. Solo hacía falta un cementerio, pues los cadáveres se inhumaban en el suelo de los templos. El arquitecto señaló en los planos el lugar en donde éste debería edificarse. Así se hizo y es el actual Cementerio Central de Bogotá. Hizo además los planos de la Sacristía Mayor de la Catedral de Bogotá, obra que hubo de ser suspendida en dos ocasiones y finalmente terminada por el arquitecto fray Domingo de Petrés, quien además modificó los pianos originales. El 16 de febrero de 1792 inició la construcción del coliseo de Santafé, según permiso obtenido en esa fecha por los señores José Tomás Ramírez y José Dionisio del Villar. Este teatro quedó tan mal construido que en el año de 1885 hubo de ser demolido para reemplazarlo por otro. En 1792 dirigió la construcción del Puente del Común, sobre el río Bogotá, obra de tanta solidez que aún hoy presta un gran servicio. En 1810 al presentarse la Guerra de Independencia, militó con los partidarios de la República. En 1820 murió en Bogotá, dejando un hijo, Mateo, quien había nacido en Bogotá y luego fue uno de los institutores de la República.

Alfredo Ortega Díaz: “Arquitectura de Bogotá”. Editorial Minerva. Bogotá, 1924.

Puente del Común

Nació en Italia. Llegó al Nuevo Reino de Granada como hermano lego de la Compañía de Jesús. Entre 1633 y 1640 trabajó en el Retablo Mayor de la Iglesia de San Ignacio. El altar mayor de la iglesia de San Ignacio es una de las joyas del arte colonial de Bogotá. Este va adornado con tres tipos diferentes de columnas, para cada uno de los tres cuerpos. Debió morir en Bogotá.

Luis Alberto Acuña: “Ensayo sobre el Florecimiento de la Escultura en Santafé”. Editorial Cromos, Bogotá, 1932.
Alfredo Ortega Díaz: “Arquitectura de Bogotá”. Editorial Minerva, Bogotá, 1924.

Es seguramente la figura más enigmática, hosca y insociable que se haya dado entre los componentes de la familia que procreó tantos arquitectos y ingenieros militares.

Era hijo de Rita Antonelli, hermana de Juan Bautista y de Bautista, quien casó con Antonio Rota, y nació en 1560 en el mismo pueblo de Gatteo. Cristóbal Roda, por lo tanto, era sobrino de Juan Bautista y Bautista Antonelli y primo hermano de Juan Bautista Antonelli (hijo de Bautista) y de Cristóbal y Francisco Garavelli Antonelli. En los documentos existentes en su pueblo natal, el apellido de su padre aparece como Rota. Roda o de Roda debe verse como la españolización del mismo apellido.

Muy joven, tenía 17 o 18 años, fue llamado por su tío Juan Bautista para integrarse al grupo familiar que ya se encontraba en España. En efecto, para el año de 1578, Juan Bautista, Bautista y los dos Garavelli estaban trabajando en las fortificaciones de la costa levantina y en el norte de África. Cristóbal se incorporó de inmediato al equipo en calidad de ayudante y aprendiz. Desde 1580 trabajó con su tío Juan Bautista en la navegación del río Tajo y con él permaneció hasta la muerte del mayor de los Antonelli, acaecida en el año de 1588. A Cristóbal de Roda le tocó el honor de estrenar la ruta fluvial al mando de las siete barcazas que en quince días cubrieron el trayecto entre Toledo y Lisboa. En 1591, su otro tío, Bautista, que se encontraba en La Habana, solicitó su presencia por necesitar de un ayudante que los asistiera en los varios trabajos que realizaba en Cuba y lo representara durante las ausencias ocasionadas por los viajes de inspección y asesoramiento que lo llevaban a Portobelo, Chagre, Panamá, Veracruz, Santiago y Cartagena. Cristóbal de Roda llegó a Cuba en el mismo año de 1591 y se quedó en La Habana por más de quince años, hasta que Tiburcio Spannocchi, el 4 de agosto de 1607, lo recomienda para dirigir las murallas y otras fortificaciones de Cartagena de Indias. Al dejar Cuba fue a Chagre, Portobelo y Panamá y el 28 de octubre de 1608 llegó a la ciudad amurallada en la costa colombiana acompañado por su primo Juan Bautista Antonelli, hijo de Bautista, que para esa fecha contaba con 24 años.

De los cuarenta años transcurridos en América, Cristóbal de Roda pasó 17 en La Habana y los otros 23 en Cartagena de Indias. Estuvo con su tío Bautista en las obras del Morro y de La Punta hasta el 8 de octubre de 1594, día en el que Bautista dio el adiós definitivo a La Habana. Cristóbal de Roda quedó al frente de las obras cubanas hasta 1608. Son los catorce años más oscuros de su vida y de sus actividades. Sabemos, sin embargo, que nunca abandonó los trabajos defensivos de la entrada de la bahía de La Habana y que, además, intervino en obras urbanas y asesoramiento para el Morro de Santiago de Cuba. En una de las cartas al rey solicitando reconsideración de su sueldo, informa que tenía esposa y dos hijos; posiblemente se casó en La Habana puesto que a esta ciudad llegó soltero en 1591.

Desde 1608, año de su llegada a Cartagena, hasta el 25 de abril de 1631, fecha de su muerte, Cristóbal de Roda prácticamente no se movió de Cartagena a lo largo de 23 años; parece que la única ausencia fue motivada por la reunión de Araya a la cual asistió en compañía de su primo Juan Bautista para tratar con el gobernador de Cumaná sobre la construcción del castillo de las salinas.

Cristóbal de Roda

Cristóbal de Roda

San BrunoVIDA

Nació en Colonia en 1056, vivió en Francia y murió en Italia, en el interior de Calabria.

Después de haber sido canónigo de la iglesia de San Cuniverto de Colonia, se convirtió en maestro de la escuela adjunta a la catedral de Reims. En 1083 se retiró junto a seis compañeros a una región solitaria de los Alpes, donde fundó, cerca de Grenoble, el monasterio de la Gran Cartuja, casa matriz de la orden de los cartujos. Allí sólo permaneció seis años, desde 1084 a 1090. Llamado a Roma por el papa Urbano II, que había sido su discípulo en Reims, se instaló en las termas de Diocleciano, que se convirtieron en la Cartuja de Roma. Pasó los últimos años de su vida en el sur de Italia donde, después de haber rechazado la arquidiócesis de Reggio, fundó una nueva cartuja en La Torre, Calabria, que puso bajo la advocación de Santa María in Eremo, donde murió.

Beatificado tardíamente, en 1514, fue canonizado en el siglo XVII, en 1623. Ello explica que no ejerza otro patronazgo que el de la orden de los cartujos, que comparte con san Juan Bautista.

ICONOGRAFÍA

La beatificación tardía también explica que aunque haya vivido en el siglo XI, el arte de la Edad Media lo haya ignorado completamente. En las numerosas cartujas que han tenido un papel de primera importancia en la historia del arte, como la de Champmol les Dijon, por ejemplo, o en la de Pavía, no se encuentra ninguna imagen de san Bruno. Sólo ocupó un lugar en la iconografía cristiana a partir del siglo XV, cuando se autorizó su culto a los cartujos, y sobre todo después de su canonización en 1623.

Está vestido con el hábito blanco de los cartujos. Sus atributos son una estrella en el pecho, en recuerdo de la visión de san Hugo, obispo de Grenoble, quien fuera avisado por siete estrellas de la llegada de los primeros siete cartujos; la mitra y el báculo bajo los pies, símbolo de su desprecio a las jerarquías de este mundo; una calavera ante la que medita; un crucifijo arborescente, porque gracias a él la cruz de Cristo fue plantada en la soledad boscosa de la cartuja; una rama de olivo, que alude al salmo 51, que se le aplica. A veces tiene un dedo cruzado sobre los labios que indica el voto de silencio impuesto a los cartujos por la regla. Su iconografía es en su mayor parte francesa y española.

Las escenas más frecuentemente representadas son el prodigio de la muerte de Raymond Diocres, la plegaria de san Bruno en el desierto de la cartuja, su rechazo de la mitra y su muerte.

Fuente: Iconografía del arte cristiano, de Louis Réau.

La Moneda, Santiago de ChileEs la obra más importante de Chile y una de las que marcaron el advenimiento del neoclásico en el continente americano. Su autor fue el arquitecto italiano Joaquín Toesca y Ricci, cuyo gusto neoclásico puede compararse con el del mexicano Manuel Tolsá. En 1785 comenzaron las obras y un año después llegaron los materiales: cal de la hacienda Polpaico; arenas del río Maipo; piedras de la cantera colorada del Cerro San Cristóbal; madera de roble y ciprés de los bosques valdivianos; cerrajería y forja española de Vizcaya; y 20 variedades de ladrillos horneados en Santiago para la construcción de dinteles, esquinas, pisos, molduras y los sólidos muros de más de 1 metro de espesor. Durante el gobierno de Ambrosio O’Higgins -quien consideraba que el edificio superaba en mucho la obra para la cual estaba destinado- Toesca encarga a España el resto de los materiales, los cuales fueron traídos en la fragata El África y llegaron al puerto de Valparaíso en marzo de 1792, el listado comprendió: 104 rejas para ventanas, 42 balcones, chapas y pestillos, 620 clavos de media vara, 5.500 clavos de tercio, 18.000 de cuarto y 28 quintales de clavos medio tillado.

Toesca muere en 1799 y no logra ver terminada la Real Casa de Moneda, en su reemplazo es nombrado el ingeniero militar Agustín Caballero. Fue inaugurada oficialmente en 1805 por el gobernador de la época, Luis Muñoz de Guzmán a pesar que aún faltaban detalles en sus terminaciones.

La Moneda, Santiago de Chile

Esta obra de Toesca es sin duda la que ha pasado a la posteridad, y que es desde hace tiempo sede del Gobierno. La Moneda ha sido bien restaurada. Es un enorme edificio que ocupa una manzana de terreno y que presenta cuatro fachadas a dominante horizontal. Son sólo dos plantas coronadas por una gigantesca balaustrada. Es sin duda monumental y digna que hace perfectamente su función a la que hoy se destina.

Salón Rojo

Cuenta con los siguientes salones:

  • Salón de Acceso
  • Salón Independencia
  • Salón Toesca
  • Salón Amarillo
  • Sala de Edecanes
  • Galería de Presidentes
  • Salón Azul
  • Salón Rojo
  • Comedor Presidencial
  • Salón Montt y Varas
  • Salón Pedro de Valdivia
  • Salón O’Higgins
  • Salón Prat

Historia del Arte Colonial Sudamericano, Damián Bayón et. al, Ediciones Polígrafa, 1989, p. 280

Compositor italiano, nació en Prato el 17 de octubre de 1688, hijo de Sabatino Zipoli y Eugenia Varochi. Sabatino fue un campesino que vivía en las tierras de la familia Naidini, más allá de los muros de la ciudad. Zipoli permaneció allí hasta 1702, pasando a la edad de 14 a los alrededores de la Cattedrale di “S. Stefano” en la ciudad.

Desde 1707 estudió en Florencia, probablemente con Giovanni Maria Casini, bajo el patronato de Cosme de Médicis, Gran Duque de Toscana. Durante un breve período, estudió en Nápoles con Alessandro Scarlatti, para trasladarse luego a Bolonia, donde trabajó a las órdenes del padre Felipe Lavinio Vannucci. En 1709 completó su formación musical con Bernardo Pasquini en Roma  por poco tiempo, hasta la muerte de este último. Luego permaneció en la ciudad, donde ocupó varios cargos, el más importante de los cuales fue como organista de la Chiesa del Gesú.

Durante los primeros meses de 1716, Zipoli viajó a Sevilla, donde ingresó directamente en la Provincia jesuítica del Paraguay el 1 de julio y comenzó su noviciado. Se trasladó a Sudamérica durante el año siguiente, estableciéndose en Córdoba, Argentina. Allí completó sus estudios en teología y filosofía, como preparación para ser ordenado sacerdote. Debido a que la sede obispal de Córdoba se encontraba vacante, la ceremonia nunca se realizó. Falleció el 2 de enero 1726 debido a una enfermedad infecciosa de origen desconocido. Aunque se la ha identificado como tuberculosis, no existe ninguna prueba al respecto.

Fue un arquitecto italiano que trabajó al servicio del Imperio español, fundamentalmente en Chile. Nació en Roma en 1745, hijo de José Toesca y de María Ricci. En 1782 se casó con Manuela Fernández de Rebolledo, quién trataría de envenenarlo debido a que tenía problemas mentales, el hecho obligó a las autoridades a recluirla en un convento.

Inició sus estudios de arquitectura desde la milicia, pues en calidad de cadete de un regimiento de Milán, trabajó en el taller de Francisco Sabatini. En 1760 este fue nombrado arquitecto de la Corte madrileña; Toesca fue su discípulo más adelantado y viajó junto a él.

Toesca estudió Matemática en la Real Academia de Barcelona por alrededor de tres años, para luego retornar a Roma e ingresar a la Academia de San Lucas a fin de perfeccionar sus conocimientos.

Regresó a Madrid, donde revalidó su título italiano. En 1780 el obispo Manuel de Alday le escribió a su amigo el abate Pietro Toesca, consultándole por un arquitecto que pudiera hacerse cargo de la construcción de la Catedral de Santiago de Chile. El eclesiástico recomendó a Joaquín, quien arribó el mismo año al país.

Joaquín Toesca

Una vez instalado en Santiago, Toesca se hizo cargo de la obra de la Catedral y cuatro meses después aceptó la responsabilidad de erigir la Casa de Moneda. En 1782 los planos de la Catedral y de La Moneda estuvieron terminados. La prolífica labor de Joaquín Toesca continuó. En 1791, debió preocuparse de los tajamares de Santiago y de la planificación de la ciudad de Los Andes, incluyendo la reparación del puente sobre el río Aconcagua. En 1793, se le encargó la vigilancia del trazado del camino carretero entre Santiago y Valparaíso, además de una serie de obras menores en algunas iglesias de Colchagua. Murió en Santiago de Chile el 11 de junio de 1799.

Palacio de Minería, Chile