Se lo menciona en 1820 como pintor y dorador, vecino de Quito. Pintó las puertas del Altar Mayor del Sagrario.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 247

Nace en Río de Janeiro cerca de 1790. Pintor, dibujante, decorador, escenógrafo, dorador y estucador. Estudia inicialmente con José Leandro de Carvalho y después se matricula en la clase regia de dibujo y pintura, creada en la ciudad de Río de Janeiro por el virrey Don Fernando e impartida por el pintor Manuel Dias de Oliveira. Estudia escenografía con Manuel da Costa y trabaja como ayudante de José Leandro en el Teatro São João.

En 1823 es uno de los cinco alumnos del curso de pintura que imparte Debret. En 1827 participa en la fundación de la Sociedade de São Lucas (Sociedad de San Lucas), una entidad exclusiva para pintores. Como jefe de la decoración de la casa Imperial, trabaja en el Palacio de la Quinta da Boa Vista y en el Paço da Cidade (Palacio de la Ciudad). Decora viviendas particulares, como el palacete de la marquesa de Santos, en Río de Janeiro. En 1829 restaura viejos coches, con ocasión de la boda de don Pedro I, y pública el folleto Explicação Allegorica da Decoração dos Coches de Estado de S.M.I. O Senhor D. Pedro I (Explicación Alegórica de la Decoración de los Carruajes de Estado de S.M.I. El Señor D. Pedro I), en el que describe su trabajo de ornamentación. Muere en Río de Janeiro el 10 de noviembre de 1831.

Francisco Pedro do Amaral

Francisco Pedro do Amaral

Francisco Pedro do Amaral

Pintor, escultor, dorador y encarnador. Comienza su formación en Salvador, Bahía, en el siglo XIX, con José Joaquim da Rocha. En la misma ciudad entre los años 1825 y 1834, realiza las imágenes de las iglesias de Nuestro Señor de Bonfim, la Tercera Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, la Tercera Orden de San Francisco y la Iglesia y Convento de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Entre 1827 y 1828, realiza obras para la Iglesia del Santísimo Sacramento y Santa Ana, en Salvador.

José da Costa Andrade

José da Costa Andrade

Del latín retro tabularum, o ‘tabla que se coloca detrás’, es una compleja estructura —en la que se conjugan la arquitectura, la escultura y la pintura—, dispuesta delante del muro de cierre de una capilla, encima del altar. Tiene su origen en la antigua costumbre litúrgica de colocar para su adoración, reliquias o imágenes de santos sobre los altares. Lo mas común es que para su estructura se emplee la madera, (pino, castaño, peral, roble, nogal y tejo); pero no son extraños tampoco aquellos construidos en piedra, alabastro, mármol y otros materiales duros y semipreciosos como la malaquita.

Partes de un retablo:

Partes de un Retablo

Ático: Parte superior de la calle central de un retablo. Suele ser el lugar elegido para disponer un calvario.
Banco: Parte inferior o basamento de un retablo. En ocasiones puede estar dividido en dos pisos, en cuyo caso se denomina el más próximo al suelo sotabanco; predela.
Calle: Nombre que reciben cada una de las divisiones verticales de un retablo, en ocasiones separadas unas de otras por particiones más estrechas denominadas entrecalles.
Casa: Cada uno de los espacios de forma cuadrangular o rectangular que, abiertos en los cuerpos y calles de un retablo, sirven para alojar pinturas o esculturas.
Cuerpo: Cada uno de los pisos o de las divisiones horizontales de un retablo.
Entrecalles: Divisiones verticales más estrechas que las calles y que las separan unas de otras.
Guardapolvo: Pieza o saledizo que enmarca un retablo tanto por los laterales como por la parte superior, con la misión de protegerlo del polvo; polsera.
Polsera: Guardapolvo.
Predela: Del italiano predella; banco.
Sotabanco: Parte inferior de un banco de retablo de dos pisos.

Técnicas artísticas y oficios vinculados a la retablística:

Aparejo: Fase previa a la labor de policromía de una escultura en la que se prepara la madera para recibir los pigmentos. En primer lugar se alisaba toda la superficie, rellenando todas las posibles grietas y huecos, para aplicar varias capas de yeso. En un segundo momento, se aplicaba una capa de arcilla roja muy untuosa, conocida como bol armónico, que era la que servía de base a la pintura. Una vez seca, se podía proceder ya al dorado y estofado de la pieza.
Dorado: Técnica artística consistente en la aplicación de panes de oro sobre una superficie, ya sea arquitectónica, pictórica o escultórica. El acabado podía ser mate o brillante.
Encarnado: Tras dorar y estofar una escultura, el último paso en su decoración es aplicar en manos pies y rostros, los colores que asemejaran el tono de la piel; a esta acción se denomina encarnado.
Ensamblador: Ensamblar, en carpintería, es la operación de encajar diferentes piezas, hasta dar a un objeto la forma deseada. Pero la labor del ensamblador dentro del proceso de construcción de un retablo es mucho más amplia y compleja, ya que no se limita al mero trabajo mecánico de montar y hacer coincidir las distintas partes que lo conforman; también es el encargado, entre otras funciones, de establecer contacto con el cliente, del presentarle la traza y el diseño de las formas, del transporte de los materiales hasta el taller, del corte de las piezas en las molduras y perfiles requeridos y, finalmente, de su montaje y encolado.
Entallador: En el arte español se aplica este nombre, de modo genérico, al artista o artesano que se dedica a la labor de talla en madera. De este modo, y dentro del proceso de construcción de un retablo, el entallador sería el encargado de la parte ornamental de la arquitectura, (relieves del banco, tallas de las columnas y pilastras de las calles…), frente al escultor, autor de las figuras de gran tamaño.
Estofado: Fase que sigue a la del dorado en el proceso de policromar una escultura. Una vez aplicada la base de pan de oro, ésta se cubre por encima con pintura al temple. Una vez seca, se rasca el color con un pequeño punzón en los lugares en los que se desea que aparezca un efecto dorado. Suele ser común su empleo para marcar los pliegues de las vestiduras.
Masonería: El término define, de modo genérico, toda labor constructiva realizada en cal y canto. Aplicado a los retablos, hace referencia únicamente a su parte arquitectónica, distinguiéndola de las esculturas y pinturas que puedan estar insertas en ella.
Policromía: Proceso por el cual se pintan de variados colores las obras artísticas. El término se utiliza especialmente en el ámbito de la escultura: cuando una estatua ha sido pintada, se dice de ella que esta policromada.

Nació en Argamasilla, en La Mancha, España. Hacia 1633 trabajó en Santafé de Bogotá, dorando el altar mayor de San Francisco. Doró 6 cuadros de media talla, los follajes de cuatro pedestales y seis tableros sobre los nichos del magnífico altar de San Francisco, ejecutado por Fray García de Ascucha. También hizo el bruñido del altar mayor, el esgrafiado de la capilla de San Francisco y las policromías de los relieves. Además de dorador, fue mercader y alférez de infantería. Debió morir en Santafé de Bogotá.

Guillermo Hernández de Alba: “La Vida Trágica del Maestro del Altar de San Francisco”. Teatro del Arte Colonial. Litografía Colombia. Bogotá, 1938.

Altar Mayor de la Iglesia de San Francisco, Bogotá

Maestro dorador y también Alférez de la ciudad de Quito, cuya referencia se ubica en 1662. Fue hijo del capitán Juan López de Galarza y de Inés Reinoso. Murió soltero y testó en su ciudad natal en 1684.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 174

Fue un Dorador español, vecino de Quito. En 1636 doña Jerónima Galarza, nieta del capitán Martín de Mondragón, uno de los primeros conquistadores, mando a hacer un retablo grande dorado para la capilla de San José del convento de San Pedro Mártir de la Orden de Predicadores, y entregó unas tierras yermas de Iñaquito al maestro dorador Gabriel Vázquez por este trabajo. En marzo de 1637 el maestro dorador vendió esos solares a Francisco de Fuentes y a Juana Larrea en cuatrocientos patacones de a ocho reales. En febrero de 1638 Gabriel Vázquez firmó un contrato para dorar y pintar el retablo de la capilla que el doctor Melchor Báez  poseía y estaba en madera en la iglesia del convento de monjas de Santa Catarina de Siena. Gabriel Vázquez se obligaba a concluir a cabalidad el retablo, a un costo de doscientos patacones de a ocho reales.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 171, 172