Nació en Italia. Llegó al Nuevo Reino de Granada como hermano lego de la Compañía de Jesús. Entre 1633 y 1640 trabajó en el Retablo Mayor de la Iglesia de San Ignacio. El altar mayor de la iglesia de San Ignacio es una de las joyas del arte colonial de Bogotá. Este va adornado con tres tipos diferentes de columnas, para cada uno de los tres cuerpos. Debió morir en Bogotá.

Luis Alberto Acuña: “Ensayo sobre el Florecimiento de la Escultura en Santafé”. Editorial Cromos, Bogotá, 1932.
Alfredo Ortega Díaz: “Arquitectura de Bogotá”. Editorial Minerva, Bogotá, 1924.

Pedro Laboria fue posiblemente el mejor escultor de la Colonia en Colombia. Sus composiciones especialmente la del “Extasis de San Ignacio” son muy complicadas y sus figuras amaneradas con evidentes influencias del arte barroco europeo. Nace en 1700 en San Lucas de Barrameda, España. Llegó muy joven a Santafé de Bogotá, en compañía de don Cristóbal de Vergara, y fue contratado por la Compañía de Jesús. En 1739 trabajó en la escultura de San Francisco Javier moribundo. Entre 1739 y 1748 trabajó en el altar tallado y policromado con la alegoría del éxtasis de San Ignacio. Esta alegoría muestra al santo entregando su alma a Dios, rodeado por ángeles y serafines. El 11 de agosto de 1740 realizó el retoque de las imágenes del Santuario de la Peña. Murió probablemente en Bogotá hacia 1770.

Luis Alberto Acuña: “Ensayo sobre el florecimiento de la Escultura Religiosa en Santafé de Bogotá”, en: Iniciación de una Guía de Arte Colombiano, publicada por la Academia Nacional de Bellas Artes. Bogotá, 1934.
Ricardo Struve Haker: “El Santuario de Nuestra Señora de la Peña”. Imprenta Nacional de Colombia. Bogotá, 1955.
Luis Alberto Acuña: “Fichas para la historia del arte en Colombia. Pedro Laboria, el barroco que canta”. Lecturas Dominicales de “El Tiempo”, Bogotá, abril 26 de 1964.

Pedro Laboria

Pedro Laboria

Arpa Misional ChiquitanaEl Arpa Misional Chiquitana de diseño Jesuita, es verdaderamente única en el mundo, se desconoce si sus especiales características son específicas de la Compañía de Jesús y han sido aplicadas en otras Misiones de otros continentes o solamente en la de Chiquitos. No se parece a ninguna de las establecidas en el Renacimiento, que se construyeron, definieron y utilizaron en España durante este periodo y el Barroco.

Cronológicamente hablando son coetáneas con las Arpas Coloniales, aunque las jesuíticas algo más tardías y coincidiendo con la expansión de la Orden. Desde el punto de vista geográfico, debieron repartirse en el ámbito de las Provincias Jesuíticas Americanas y muy posiblemente llegaran hasta Filipinas. Socialmente el instrumento cumplía una función esencialmente religiosa, dentro de una organización sin clases y perfectamente ordenada familiar y laboralmente, de acuerdo con los principios jesuíticos del funcionamiento social de sus Reducciones. Por este motivo, no se encuentran en las Misiones, las dos clases de instrumentos paralelos, refinado uno y popular el otro que se ven en la colonia. Esta mentalidad, impide la propia evolución del instrumento que permanecerá estable en el tiempo.

Desgraciadamente en la actualidad, tan solo existen tres instrumentos originales de esta clase en Chiquitos. El primero se encuentra en el Museo de la iglesia de San Javier, el segundo en el coro de la iglesia de Santa Ana y el tercero en el mismo lugar de San Rafael.

No existen planos o normas para la construcción de las arpas Misionales, pero no siguen las establecidas por los españoles para el resto de los instrumentos de la época Lo primero que llama poderosamente la atención de un arpa Misional, es su tamaño exagerado de casi dos metros que solo puede explicarse por la aplicación en su diseño, de un sistema proporcional que una vez determinada la forma y dimensión de la base, condicione su altura. El cóncavo está compuesto por ocho tablillas o “costillas” iguales dos a dos, aunque cada par diferente de los demás, buscando sin duda suavizar su forma interior cuya planta está inscrita en media elipse, tomada por su eje menor. Las arpas españolas siempre tienen siete “costillas” todas iguales y las americanas coloniales pueden tener solo cinco y su planta circunscribirse en media circunferencia, para el caso de la proporción “Dupla” y ligeramente elíptica en el resto, dependiendo de la proporción sonora que se haya aplicado en su construcción.

El instrumento Misional es diatónico, abarca cuatro octavas y dispone de cuatro salidas de aire circulares una a cada lado de la encordadura, en la parte media alta y media baja de la tabla armónica. El sistema de encordado utiliza lañas de hierro para la protección de los orificios de encordar. Las columnas son siempre cilíndricas.

Convento de la Compañía de Jesús, PanamáEl convento de los jesuitas estaba emplazado en la calle de La Empedrada, cerca de la plaza principal. Establecido en 1578 recibió la ayuda del Tesoro Real. La mayor parte del trabajo de mampostería de la iglesia, que reemplazaba la anterior construcción de madera, fue iniciada en 1608. En su interior se organizó un colegio de enseñanza superior para los vecinos de la ciudad a fin de que no tuvieran que ir a Lima a terminar sus estudios. En esta casa se recibían muchos huéspedes que en todas las flotas venían de España para ir al Perú y viceversa, causando con esto muchos gastos y no pocas incomodidades a los padres Jesuitas .

220 Años del Periódo Colonial en Panamá, Rubén D. Carles, Panamá R. de P., 1969, p. 19, 20

SJOriginalmente se escribe “S.I.”, que son las iniciales de “Societatis Iesu”, en español: Compañía de Jesús. Sin embargo la evolución del lenguaje hizo que las siglas se cambiaran a “S.J.” Los jesuitas suelen firmar poniendo S.J. después de su nombre.

Nació en 1586, ingresó a un taller de su ciudad natal. Es igualmente posible que se haya formado en Amberes. Luego de concluir su aprendizaje, ingresó a la Compañía de Jesús. Ya en 1620 se encontraba en Perú, donde firmó su primera obra conocida. Desde esta fecha hasta su muerte, en 1663, Diego de la Puente trabajó para Iglesias de su orden en las ciudades peruanas de Trujillo, Lima, Cuzco y Juli.

Encontramos sus obras igualmente en La Paz y Santiago de Chile. En Lima firmó El Martirio de San Ignacio de Antioquía en 1620 y pintó una Cena en 1656 para la Iglesia de los jesuitas, tema que pintó nuevamente en Santiago. La capilla de la Tercera Orden de La Paz, alberga varias pinturas que pertenecían a la Compañía de Jesús, entre las cuales están, San Miguel Arcángel, Cristo en la columna y el taller de Nazaret del jesuita de La Puente.

Diego de la Puente

Nació en Wiñsko, Polonia, el 24 de septiembre de 1719. En los primeros días de octubre de 1736 ingresó a la Compañía de Jesús, y entre 1739 y 1741 cursó filosofía en Praga. Al año siguiente se hallaba dictando clases de humanidades en Breslau, Silesia.

Inició su carrera de teología y cuando se encontraba en el tercer año de sus estudios, solicitó a sus superiores ser enviado a América. A principios de 1748, concretamente el 8 de enero, fue ordenado sacerdote, seis meses antes de lo debido, y se le concedió el permiso del ansiado traslado. El 16 de enero de aquél año, comenzó el viaje que duró doce meses, y que lo llevó finalmente a Buenos Aires.

El día 18 de septiembre de 1748, la flota compuesta por cincuenta y tres naves, partió desde el puerto de Lisboa hacia América. El capitán, según cuenta el propio padre, era José Ferreira, de nacionalidad portuguesa y el navío tenía el nombre de Santa Ana y de las Almas.

Hacia fines de marzo de 1749 parte con otros misioneros desde algún lugar de los actuales barrios de Colegiales o Chacarita hacia la ciudad de Córdoba, en una caravana compuesta por alrededor de ciento cincuenta personas, distribuidas en noventa y cinco carretas o carretones, arreando con ellos unos novecientos cincuenta bueyes, además de la necesaria tropa de caballos para los recambios.

El 26 de marzo de 1752 se le comunica que estaba destinado a las Reducciones del Gran Chaco, y para ello debía trasladarse primero a la ciudad de Santa Fe. Llegó a la misma, el 9 de junio de ese año y allí se lo asignó a la reducción de San Francisco Javier (actual localidad santafesina de San Javier), a la que arribó el 11 de junio de 1752. Por ese entonces, la nombrada reducción, tenía nueve años de existencia.

Al poco tiempo, Paucke creó la primera escuela, en la que se enseñaba lectura, caligrafía, música, etc. y organizó otro grupo musical, esta vez, integrado por niños, que tocaban seis violines, un violoncelo, cuatro flautas, dos arpas y una trompa. Tal fue el éxito de aquella actividad que la banda fue invitada en 1755, a visitar las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires.

En el transcurso del año 1767, Paucke se enteró que los jesuitas santafesinos instalados en el colegio de esa ciudad habían sido apresados y conducidos a Buenos Aires. Unos meses después, el 6 de septiembre, llegó la orden para que él y sus compañeros cumplan con el mandato de la expulsión, de manera que fueron transportados también ellos hacia la ciudad de Santa Fe, e inmediatamente conducidos a Buenos Aires.

El 2 de octubre de ese año llegaron a la metrópoli, siendo alojados en el colegio de Belén y privados de la libertad hasta su nuevo paradero que fue Montevideo.

Desde España, pasó hacia la provincia jesuítica de Bohemia y por lo menos se quedó allí hasta 1770. Con el tiempo se instaló en Olmütz, llegando a ser director de la Congregación Mariana de Caballeros entre 1771 y 1774. De ahí se mudó a Neuhaus, fijando su morada dentro del monasterio de Zwettl. Florián Paucke falleció el 13 de abril de 1780 en el mencionado monasterio.

Florián Paucke

Florián Paucke

Florián Paucke