Personajes


Les traigo este gran documental sobre este escritor de enorme trascendencia en la historia de Perú. Realizado por el programa “Sucedió en el Perú” y dirigido por Antonio Zapata, el cual ya hemos visto en este blog con anterioridad y que se ha convertido en uno de nuestros programas favoritos. Dividido en cinco partes, nos da diversas opiniones y puntos de vista sobre este autor de crónicas algunas veces fantasiosas. Espero lo disfruten.

Lima fue centro del mundo religioso de Sudamérica, dentro de este marco surgieron cuatro santos: Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres,  San Juan Macías y San Francisco Solano. Este interesante documental del programa “A la Vuelta de la Esquina“, nos trae la historia de estos cuatro santos peruanos, que hoy representan la gran necesidad de tener figuras que legitimaran la evangelización del nuevo mundo.

Santa Rosa de Lima es sin duda la mujer más importante de Perú durante la época colonial. Hoy les traigo, además de la biografía de esta Santa, un interesante documental realizado en su país natal. Espero sea de su agrado este artículo que hoy público.

Santa Rosa de Lima

Santa Rosa de Lima nació el 30 de abril de 1586 en la vecindad del hospital del Espíritu Santo de la ciudad de Lima, entonces capital del virreinato del Perú. Su nombre original fue Isabel Flores de Oliva. Era una de los trece hijos habidos en el matrimonio de Gaspar Flores, arcabucero de la guardia virreinal, natural de San Juan de Puerto Rico, con la limeña María de Oliva. Recibió bautismo en la parroquia de San Sebastián de Lima, siendo sus padrinos Hernando de Valdés y María Orozco.

En compañía de sus numerosos hermanos, la niña Rosa se trasladó al pueblo serrano de Quives, en la cuenca del Chillón, cuando su padre asumió el empleo de administrador de un obraje donde se refinaba mineral de plata. Las biografías de Santa Rosa de Lima han retenido fijamente el hecho de que en ese pueblo, que era doctrina de frailes mercedarios, la joven recibió en 1597 el sacramento de la confirmación de manos del arzobispo de Lima, Santo Toribio Alonso de Mogrovejo, quien efectuaba una visita pastoral en la jurisdicción.

A Santa Rosa de Lima le tocó vivir en Lima un ambiente de efervescencia religiosa, una época en que abundaban las atribuciones de milagros, curaciones y todo tipo de maravillas por parte de una población que ponía gran énfasis en las virtudes y calidad de vida cristianas. Alrededor de sesenta personas fallecieron en “olor de santidad” en la capital peruana entre finales del siglo XVI y mediados del XVIII. De aquí se originó por cierto una larga serie de biografías de santos, beatos y siervos de Dios, obras muy parecidas en su contenido, regidas por las mismas estructuras formales y por análogas categorías de pensamiento.

A Santa Rosa le atraía con singular fuerza el modelo de la dominica Catalina de Siena (santa toscana del siglo XIV), y esto la decidió a cambiar el sayal franciscano por el hábito blanco de terciaria de la Orden de Predicadores, aparentemente desde 1606.

Los confesores de Santa Rosa de Lima fueron mayormente sacerdotes de la congregación dominica. También tuvo trato espiritual con religiosos de la Compañía de Jesús. Es asimismo importante el contacto que desarrolló con el doctor Juan del Castillo, médico extremeño muy versado en asuntos de espiritualidad, con quien compartió las más secretas minucias de su relación con Dios.

Hacia 1615, y con la ayuda de su hermano favorito, Hernando Flores de Herrera, labró una pequeña celda o ermita en el jardín de la casa de sus padres. Allí, en un espacio de poco más de dos metros cuadrados (que todavía hoy es posible apreciar), Santa Rosa de Lima se recogía con fruición a orar y a hacer penitencia. Posteriormente, en marzo de 1617, celebró en la iglesia de Santo Domingo de Lima su místico desposorio con Cristo, siendo fray Alonso Velásquez (uno de sus confesores) quien puso en sus dedos el anillo en señal de unión perpetua.

Con todo acierto, Rosa había predicho que su vida terminaría en la casa de su bienhechor y confidente Gonzalo de la Maza (contador del tribunal de la Santa Cruzada), a la cual se trasladó a residir en los últimos cuatro o cinco años de su vida. Por esto solicitó a doña María de Uzátegui, la madrileña esposa del contador, que fuese ella quien la amortajase. En torno a su lecho de agonía se situó el matrimonio de la Maza-Uzátegui con sus dos hijas, doña Micaela y doña Andrea, y una de sus discípulas más próximas, Luisa Daza, a quien Santa Rosa de Lima pidió que entonase una canción con acompañamiento de vihuela. Así entregó la virgen limeña su alma a Dios, afectada por una aguda hemiplejía, el 24 de agosto de 1617, en las primeras horas de la madrugada.

El mismo día de su muerte, por la tarde, se efectuó el traslado del cadáver de Santa Rosa al convento grande de los dominicos, llamado de Nuestra Señora del Rosario. Una abigarrada muchedumbre colmó las calzadas, balcones y azoteas en las nueve cuadras que separan la calle del Capón (donde se encontraba la residencia de Gonzalo de la Maza) de dicho templo. Al día siguiente, 25 de agosto, hubo una misa de cuerpo presente oficiada por don Pedro de Valencia, obispo electo de La Paz, y luego se procedió sigilosamente a enterrar los restos de la santa en una sala del convento, sin toque de campanas ni ceremonia alguna, para evitar la aglomeración de fieles y curiosos.

El proceso que condujo a la beatificación y canonización de Rosa empezó casi de inmediato, con la información de testigos promovida en 1617-1618 por el arzobispo de Lima, Bartolomé Lobo Guerrero. Tras un largo procedimiento, Clemente X la canonizó en 1671. Desde un punto de vista histórico, Santa Rosa de Lima sobresale por ser la primera santa de América. Actualmente es patrona de Lima, América, Filipinas e Indias Orientales.

Vasco de QuirogaVasco de Quiroga es uno de los grandes personajes de la colonia, ampliamente reconocido por su escrito La utopía en América,  y por ser el primer obispo de Michoacán, se ganó un lugar en la historia por su afecto a los indios y por sus tareas benéficas a favor de los mismos.

Nacido en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) hacia 1470. Durante su niñez vivió en dicha villa hasta la edad en que empezó sus estudios de Jurisprudencia, momento en que se trasladó a Salamanca. Fue juez de residencia en Orán, y representó a la Corona en los tratados de paz con el rey de Tremecén (1526). Ejerció un alto cargo en la Real Cancillería de Valladolid. Sus méritos fueron notorios, llamando la atención del obispo de Badajoz, quien le recomendó a la reina para que fuese nombrado oidor de la Audiencia de México. Se instala allí en 1531 y funda el Hospital de Santa Fe en las inmediaciones de la ciudad de México en 1532 para la atención de los indígenas, mismo que reprodujo en varias partes de México, pero sobre todo en Michoacán. Desempeña por unos años el cargo de visitador de Michoacán, hasta el año 1537, cuando el Emperador Carlos V (Carlos I de España) le nombra obispo de la Diócesis de Michoacán.

Se ganó el afecto de los indios gracias a sus obras y a las medidas económicas que promovió y que tendieron a beneficiarlos, en el contexto de la conquista del país. Este afecto le hizo acreedor al trato de Tata Vasco en el que se expresa el afecto filial de los indígenas de la región. Trasladó la catedral de Tzintzuntzan a Pátzcuaro. Funda el pueblo-hospital de Santa Fe de la Laguna y el Colegio Seminario de San Nicolás, antecedente de la Universidad Nicolaíta, existente aún a la fecha en el estado de Michoacán en México.

Durante su tarea sufrió la enemistad de algunos colonos españoles, que abandonaron Pátzcuaro para fundar una ciudad rival con el apoyo del virrey Antonio de Mendoza. El nuevo asentamiento recibió el nombre de “ciudad de Michoacán” (1541), antes de ser nombrado sucesivamente como Guayangareo, después Valladolid y finalmente, consumada la independencia de México en el siglo XIX, Morelia nombre que recibió la ciudad, hoy capital del estado de Michoacán, en honor al patricio de la guerra de independencia José María Morelos y Pavón.

Quiroga falleció el 14 de marzo de 1565 en Uruapan. Sus restos se encuentran actualmente en un mausoleo, dentro de la Basílica de Nuestra Señora de la Salud, en Pátzcuaro. Se ha introducido recientemente la causa para su canonización.

Retrato de Cabeza de VacaNació entre 1490 y 1495, en Jerez de la Frontera, en el seno de una familia hidalga. Huérfano de padre y madre, pronto entró al servicio de la Casa de Medina-Sidonia. Partió de Sanlúcar de Barrameda el 17 de junio de 1527 en la desastrosa expedición que capitaneaba el Gobernador Pánfilo de Narváez, de la cual sólo sobrevivieron solo cuatro personas de entre 300, después de naufragar. Participó en las campañas de la costa. Durante algún tiempo Cabeza de Vaca ejerció de mercader entre los indígenas del territorio comarcano a San Antonio y la costa tejana. Cabeza de Vaca logró escapar junto con sus compañeros Alonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorantes de Carranza y Estebanico, éste fue el primer hombre nacido en África  en pisar territorio que hoy pertenece al sector norteamericano de Estados Unidos, y aunque se le describe como “negro” queda la duda de si era originario de la etnia bereber (moro o si era un hombre “negro” procedente del África Subsahariana).

Se ganaron la voluntad de los nativos e hicieron varias exploraciones en busca de una ruta para regresar a la Nueva España  por lo que hoy es el suroeste de Estados Unidos y norte de México. Tras deambular durante largo tiempo por la extensa zona que hoy es la frontera entre México y Estados Unidos llegaron a la zona del río Bravo o Grande, siguiendo el curso del río encontraron tribus dedicadas a la caza del bisonte con las que convivieron.

Firma de Cabeza de Vaca

Cabeza de Vaca regresó a España en 1537 y consiguió que se le otorgara el título de Segundo Adelantado del Río de la Plata. A finales de 1540 inició en Cádiz su segundo viaje que le llevaría al sur del continente americano. Arribó a la isla de Santa Catalina (actual Santa Catarina), en el territorio que entonces era llamado La Vera o Mbiazá y que correspondía a la Gobernación del Paraguay y actualmente es parte del estado brasileño de Santa Catarina.

El Consejo de Indias le desterró a Orán  en 1545. Pena que, quizá, no llegó a cumplir pues Cabeza de Vaca recurrió la sentencia y siguió peleando hasta el final de su vida con el propósito de ver restablecido su honor, ya no su hacienda.

Aunque los últimos años de su vida son una incógnita quizá, por los documentos encontrados por algunos historiadores cuyas obras se reflejan en la bibliografía, murió en hacia el año 1560.

Cabeza de Vaca

En 1991, el director Nicolás Echevarría, realizó una película basada en este personaje, Cabeza de Vaca, la cual dejo aquí el link para que disfruten de este fascinante recorrido:

http://www.megavideo.com/?v=MLE2KY5P

Cabeza de Vaca

Cabeza de Vaca

Ficha técnica:
Cabeza de Vaca (1991)
País: México, España, Estados Unidos, Inglaterra
Director: Nicolás Echevarría
Guión: Nicolás Echevarría y Guillermo Sheridan basados en la autobiografía Naufragios y comentarios
Fotografía: Guillermo Navarro
Montaje: Rafael Castanedo
Duración: 112 min

Reparto:

Juan Diego: Álvar Núñez Cabeza de Vaca
Daniel Jiménez Cacho: Dorantes
Roberto Sosa: Cascabel/Araino
Carlos Castañón: Casillo
Gerardo Villarreal: Estebanico



Virrey Juan de Palafox y MendozaJuan de Palafox y Mendoza (Fitero, 24 de junio de 1600 – Osma, 1 de octubre de 1659), obispo español, ejerció su obispado en Puebla de los Ángeles (México) y más tarde en Osma. Desempeñó asimismo el cargo de consejero del Consejo Real de Indias entre 1633 y 1653.

Era hijo de Don Jaime Palafox, Marqués de Ariza. Nació en Fitero (Navarra). Estudió en Alcalá de Henares y en Salamanca. En 1626 era diputado de nobleza en las cortes de Monzón y, poco después, fiscal de los Consejos de Guerra e Indias. Fue ordenado sacerdote y se lo asignó capellán de María Ana de Austria, hermana de Felipe IV, a quien acompañó en varios viajes por Europa. Don Jaime Palafox fue su sobrino.
En 1639 fue presentado por el Rey como Obispo de Tlaxcala (cuya sede era la ciudad de Puebla de los Ángeles), en Madrid. Siendo confirmado por el Papa Urbano VIII, el 27 de octubre de ese mismo año. Se distinguió por sus esfuerzos en la protección de la población indígena de los colonizdores españoles, prohibiendo emplear cualquier método de conversión que no fuera el de la persuasión.
Fue nombrado también visitador y comisionado para someter a juicio al Virrey Don Diego López de Pacheco Cabrera y Bobadilla, Duque de Escalona y Marqués de Villena, de cuya fidelidad al Rey se dudaba en la Corte. Palafox llegó en secreto a la Ciudad de México y la noche del 9 de julio de 1642 mandó arrestarlo, confinándolo en el Convento de Churubusco. Confiscó y remató sus bienes y lo remitió a España.
Durante este periodo, Juan de Palafox ocupó temporalmente el cargo de Virrey de Nueva España, en funciones desde el 10 de junio al 23 de noviembre de 1642; En este lapso formó las ordenanzas para la Universidad, la Audiencia y los abogados, y levantó 12 milicias para la defensa, pues temía que pudieran propagarse por la Colonia las revoluciones de Portugal y Cataluña.
En Puebla fundó el convento de religiosas dominicas de Santa Inés; redactó constituciones para el seminario de San Juan y erigió los colegios de San Pedro (para gramática, retórica y canto llano) y el de San Pablo (para grados académicos) al que dotó de una excelente biblioteca, hoy llamada Palafoxiana. Creó el colegio de niñas dedicado a la Purísima Concepción y dedicó sus mejores esfuerzos a terminar la Catedral, que consagró el 18 de abril de 1649.
Vacante la sede Metropolitana por la muerte de Monseñor Don Feliciano de Vega y Padilla (1641) mientras viajaba desde Acapulco, el Cabildo eclesiástico lo eligió Arzobispo de México el 12 de noviembre de 1643.
Su defensa de la Jurisdicción episcopal es un capítulo que sólo puede entenderse teniendo presente la responsabilidad del Obispo como ejecutor de las disposiciones del Concilio Tridentino. El gesto de la designación de Conservadores (mayo de 1647), que llegaron a declarar Sede Vacante con el Obispo presente en el territorio, haciendo caso omiso de tres provisores designados legítimamente para suplirle en caso de ausencia, revestía una gravedad tal, que, según diagnosticaba Palafox, amenazaba la estructura misma de la Iglesia. Sobre el tema escribió Palafox mucho y muy claro, obligado a contrarrestar la propaganda de sus adversarios. Sin embargo, en la historiografía eclesiástica, su versión ha tenido menos eco que la contraria.
A causa de no ser aceptado por los regulares a sujetarse a visita y examen, conforme lo disponían varias cédulas reales, Palafox nombró 36 curas regulares y erigió otras tantas parroquias.
Debido a su papel en el contencioso mencionado, encontró la hostilidad de los jesuitas (1645), lo que motivó su gran animadversión hacia ellos. En dos ocasiones (1647 y 1649) manifestó mediante quejas formales ante el papado de Roma sus desavenencias. Inocencio X, sin embargo, rechazó estimar sus censuras, y todo lo que pudo obtener fue un informe de 14 de mayo de 1648 que instaba a los jesuitas a respetar la jurisdicción episcopal. En 1653 los jesuitas consiguieron su traslado a España.
En España fue nombrado obispo de Osma, donde murió a los pocos años. Está enterrado en su Catedral, en una capilla (Capilla del Venerable Palafox) proyectada por Juan de Villanueva.
El Obispo de Osma-Soria, Mons. Gerardo Melgar Viciosa, dio a conocer en la mañana del jueves 3 de junio la fecha en la que será beatificado el Obispo Juan de Palafox y Mendoza: será el 1 de mayo de 2011 en la solemne ceremonia que tendrá lugar en El Burgo de Osma.

 


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