Cuba


De los seis personajes vinculados por parentesco al apellido Antonelli, el único que nació en España fue Juan Bautista Antonelli, hijo de Bautista Antonelli y de María de Torres. Juan Bautista Antonelli, en varios documentos identificado como “el mozo” a fin de evitar confusión con la repetición del nombre, nació en Madrid en el año de 1585, un año antes del viaje que Bautista, su padre, realizó al Caribe en 1586. Hasta la edad de 19 años casi no tuvo contactos con su padre y, seguramente, sólo pudo estar con él en 1588 (tenía tres años) cuando Bautista y Juan de Tejeda, gobernador de Cuba, regresaron a Madrid para tratar múltiples puntos del proyecto defensivo del Caribe. En 1589, Bautista Antonelli padre, regresó a Cuba y no fue sino quince años más tarde, en 1604, cuando viajó nuevamente a Madrid. Para ese momento Juan Bautista tenía 19 años, es decir, una edad bastante madura como para acompañar a su padre al Caribe. Fue el viaje que los llevó a inspeccionar las salinas de Araya.

La visita a Venezuela, en Araya, Cumaná y la isla de Margarita fue relativamente corta; de allí siguieron hacia Cuba donde Cristóbal de Roda Antonelli estaba al frente de las fortificaciones desde 1594. En La Habana, Bautista Antonelli padre se separó de su hijo Juan Bautista quien, desde ese momento, quedó al lado de su primo Cristóbal de Roda. Roda era 24 años mayor que Juan Bautista, lo cual le asigna una edad de 43 años al momento de encargarse de su primo Juan Bautista “el mozo” que contaba con 19. Fueron 18 años de entendimiento, colaboración y amistad arraigada en un afecto familiar mucho más sólido del que tuvo con su progenitor. Cuando Bautista Antonelli murió en Madrid el año de 1616, dejó todos sus bienes a los Carmelitas Descalzos y a los pobres de Gatteo, su pueblo natal. Su hijo Juan Bautista, único heredero, ni siquiera se menciona en los documentos que reparten la herencia.

En 1610 viajó a España para informar a la corte del estado de las obras y, en 1618, repitió el mismo viaje para informar de los daños ocasionados por un fuerte huracán. Los daños fueron cuantiosos en las murallas y baluartes de la costa debido a los socavones producidos por el embate de las olas; además, varias zonas de la ciudad fueron anegadas causando daños en viviendas y depósitos.

En 1622 fue a la península de Araya, en Venezuela, para iniciar la construcción del castillo que iba a eliminar el robo de la sal que de manera descarada, pero muy organizada, los holandeses llevaban a cabo todos los años. Permaneció por ocho años seguidos al frente de los trabajos, hasta 1630, cuando el gobernador de Cumaná, Cristóbal de Eguino, lo envió a Madrid para informar al rey y a la Junta de Guerra de todas las obras realizadas y a punto de terminarse.

En Puerto Rico estuvo unos cuantos meses en el Morro, modificando la Puntilla y construyendo nuevas plataformas. Satisfecho con las intervenciones de Juan Bautista, el gobernador Henrique Henríquez le pidió que antes de regresar a Cumaná-Araya viajase nuevamente a Madrid para explicar las nuevas trazas que había delineado. Al llegar a la península se enteró de la muerte de su primo Cristóbal de Roda, acaecida el 25 de abril de 1631. El rey le confirió el título de Ingeniero Militar de Indias con sede en Cartagena y con el sueldo de mil ducados anuales, lo mismo que devengaba su primo Cristóbal de Roda.

Para el mes de agosto de 1633 se encontraba nuevamente en Araya y pocos meses después en Cartagena de Indias. En 1635 viajó a Puerto Rico donde inspeccionó y ordenó modificaciones en las fortificaciones de la ciudad y de la bahía. De Puerto Rico siguió para Cuba donde, en su calidad de Ingeniero Militar de Indias, “corrigió, reparó y aumentó sus fuerzas” tanto en La Habana como en Santiago.

Los últimos diez años de su vida los dedicó a las fortificaciones de Cartagena de Indias y Portobelo. En 1645 estaba construyendo el baluarte de Santa Catalina que, juntamente al de San Lucas, formaba el Frente de tierra de la ciudad amurallada. En diciembre de 1649 murió en esa misma ciudad y con su desaparición también se extinguió el apellido de los Antonelli en América.

Castillo de Santa Barbara - Juan Bautista Antonelli

Es seguramente la figura más enigmática, hosca y insociable que se haya dado entre los componentes de la familia que procreó tantos arquitectos y ingenieros militares.

Era hijo de Rita Antonelli, hermana de Juan Bautista y de Bautista, quien casó con Antonio Rota, y nació en 1560 en el mismo pueblo de Gatteo. Cristóbal Roda, por lo tanto, era sobrino de Juan Bautista y Bautista Antonelli y primo hermano de Juan Bautista Antonelli (hijo de Bautista) y de Cristóbal y Francisco Garavelli Antonelli. En los documentos existentes en su pueblo natal, el apellido de su padre aparece como Rota. Roda o de Roda debe verse como la españolización del mismo apellido.

Muy joven, tenía 17 o 18 años, fue llamado por su tío Juan Bautista para integrarse al grupo familiar que ya se encontraba en España. En efecto, para el año de 1578, Juan Bautista, Bautista y los dos Garavelli estaban trabajando en las fortificaciones de la costa levantina y en el norte de África. Cristóbal se incorporó de inmediato al equipo en calidad de ayudante y aprendiz. Desde 1580 trabajó con su tío Juan Bautista en la navegación del río Tajo y con él permaneció hasta la muerte del mayor de los Antonelli, acaecida en el año de 1588. A Cristóbal de Roda le tocó el honor de estrenar la ruta fluvial al mando de las siete barcazas que en quince días cubrieron el trayecto entre Toledo y Lisboa. En 1591, su otro tío, Bautista, que se encontraba en La Habana, solicitó su presencia por necesitar de un ayudante que los asistiera en los varios trabajos que realizaba en Cuba y lo representara durante las ausencias ocasionadas por los viajes de inspección y asesoramiento que lo llevaban a Portobelo, Chagre, Panamá, Veracruz, Santiago y Cartagena. Cristóbal de Roda llegó a Cuba en el mismo año de 1591 y se quedó en La Habana por más de quince años, hasta que Tiburcio Spannocchi, el 4 de agosto de 1607, lo recomienda para dirigir las murallas y otras fortificaciones de Cartagena de Indias. Al dejar Cuba fue a Chagre, Portobelo y Panamá y el 28 de octubre de 1608 llegó a la ciudad amurallada en la costa colombiana acompañado por su primo Juan Bautista Antonelli, hijo de Bautista, que para esa fecha contaba con 24 años.

De los cuarenta años transcurridos en América, Cristóbal de Roda pasó 17 en La Habana y los otros 23 en Cartagena de Indias. Estuvo con su tío Bautista en las obras del Morro y de La Punta hasta el 8 de octubre de 1594, día en el que Bautista dio el adiós definitivo a La Habana. Cristóbal de Roda quedó al frente de las obras cubanas hasta 1608. Son los catorce años más oscuros de su vida y de sus actividades. Sabemos, sin embargo, que nunca abandonó los trabajos defensivos de la entrada de la bahía de La Habana y que, además, intervino en obras urbanas y asesoramiento para el Morro de Santiago de Cuba. En una de las cartas al rey solicitando reconsideración de su sueldo, informa que tenía esposa y dos hijos; posiblemente se casó en La Habana puesto que a esta ciudad llegó soltero en 1591.

Desde 1608, año de su llegada a Cartagena, hasta el 25 de abril de 1631, fecha de su muerte, Cristóbal de Roda prácticamente no se movió de Cartagena a lo largo de 23 años; parece que la única ausencia fue motivada por la reunión de Araya a la cual asistió en compañía de su primo Juan Bautista para tratar con el gobernador de Cumaná sobre la construcción del castillo de las salinas.

Cristóbal de Roda

Cristóbal de Roda

Presbítero y compositor. Nace en 1532 en Galizuela de la Serena, Badajoz, España. Fue maestro de Capilla del Hospital de Rey en Lisboa, y luego en el Nuevo Mundo, primero en la Catedral de Santo Domingo (1561-1563) a donde llegó con su primo, el cantante Alonso de Truxillo, y después en Santiago de Cuba (1563-1564), donde tiene el primer contacto con Bernardino de Villalpando, obispo de esa ciudad, quien lo trae a Guatemala en 1564, cuando toma posesión del Obispado de esta ciudad. Fue maestro de Capilla de la Catedral de Santiago de los Caballeros, Guatemala entre 1569 y 1574. Franco desempeña aquí una serie de cargos eclesiásticos como cura y vicario de diversos pueblos de indios. En 1575 parte a la Ciudad de México como Maestro de Capilla, puesto que mantuvo hasta su muerte el 28 de noviembre de 1585.

Obras

Música vocal

Asperges me, Benedicamus Domino, Benedicamus Domino, Benedicamus Domino, Credidi (6º tono), Dixit Dominus 4to. Tono, Dixit Dominus 4to tono, Dixit Dominus 5to. Tono, Domine in furore, Exaudivit dominus, Lumen ad revelationem, Monstra te esse matrem, Parce Mihi Domine, Quoniam non est, Requiescat in pace, Salve Regina a 4, Salve Regina a 5, Salve Regina, Salve Regina.

Francisco Javier Báez nace en 1748. Son numerosas las obras que de Báez han llegado hasta nosotros. Aún en 1879, las prensas de la imprenta Boloña, como nos afirma Valdés Domínguez, reproducían los viejos cobres y maderas de Báez. Se trataba sobre todo de estampas religiosas: efigies de santos como San Salvador de Horta, San Judas Tadeo, el Señor de los Agonizantes, el Beato Sebastián de Aparicio. Pero se tienen también noticias de numerosos retratos laicos tales como el del Obispo Morell de Santa Cruz, Carlos IV, Fernando VII y Jorge III de Inglaterra. Todos estos retratos incluían adornos alegóricos y atributos.

También hemos visto, de este autor, infinidad de “escudo de armas, marcas de cigarros, viñetas curiosas, ya en madera, ya sobre metal o al buril”. Pero la obra más conocida de nuestro grabador es la serie de ilustraciones que, con la cooperación de su hijo, grabó para la obra del naturalista portugués, Antonio de la Parra, titulada Peces y Crustáceos de la Isla de Cuba. Parra vino a Cuba en 1771, comisionado por el Gobierno y el Jardín Botánico de Madrid, con encargo de recoger objetos para el Museo de Historia Natural. Ayudado por varios cubanos ilustrados, imprimió ese primer tratado de Ictiología habido en Cuba, con sesenta y cinco láminas grabadas por Báez. Muere el 28 de junio de 1828.

Francisco Javier Báez

Pintor cubano, quien cultivó, sobre todo, el género retratístico y disfrutó de una sólida reputación en su época. Nació en La Habana en 1757, hijo de una familia negra acomodada, perteneciente a las cofradías de pardos y morenos libres. Aunque al nacer se inscribió como negro, se asegura que murió como blanco por haberse acogido a la Real Cédula de Gracias al Sacar (Aranjuez, 10 de febrero de 1795).

Se inició como autodidacta, pero, a mediados de la década de 1780, viajó a España, donde cursó estudios en la Academia de San Fernando de Madrid y entró en contacto con la pintura de Goya, de quien parece haber sido un ferviente admirador.

Escobar no sólo fue el primer pintor cubano en realizar este tipo de viajes de estudio, sino que, al parecer, también fue pionero en tener un taller independiente que, para 1820, se encontraba localizado en la calle Compostela Núm. 62, en La Habana. En este escenario, tuvo como discípulos a Juan del Río y al poeta y pintor Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido).

Su obra se desarrolla entre las dos centurias; por ello, se puede apreciar características de la pintura del siglo XVIII, particularmente, en el tema religioso, mientras que los retratos son más desenfadados, en especial, por las poses y actitudes de la clase burguesa que representa.  Dentro del repertorio de sus retratados, encontramos a varios Capitanes Generales de paso por la Isla (desde el Marqués de la Torre hasta Espeleta), así como a las señoras de las familias Bermúdez, Allo y otras de identidad no revelada, pero de evidente abolengo. Algunas obras suyas son La Benefactora (1819), Aquilina Bermúdez (ca. 1920) y el Retrato de Justa de Allo y Bermúdez (s/f).

Pese al prestigio que poseyó en vida, Escobar no figuró como maestro de la entonces recién fundada Escuela de Pintura y Escultura de San Alejandro (1818). El 15 de mayo de 1827, Escobar fue nombrado Pintor de Cámara del monarca español Fernando VII. Vicente Escobar y Flores murió en 1834 en la ciudad que lo vio nacer, víctima de una epidemia de cólera.

Vicente Escobar

Vicente Escobar

Nació en España. Desde muy joven sentó plaza de soldado en la compañía que, al mando del Capitán Miguel de Redín, prestaba servicios en los Galeones de las Indias. Entre 1620 y 1623 fue ayudante del Ingeniero Alonso Turrillo de Yebra, con el que sirvió en Cartagena, La Habana, y otras ciudades, y con el que aprendió la arquitectura militar. En 1623 regresó a Madrid. Pero en 1624 fue enviado nuevamente a las Indias, para que continuase su aprendizaje con el Ingeniero Cristóbal Roda. Para 1627 fue nombrado suplente de Roda, para cuando él se tuviese que ausentar de Cartagena.

El 20 de noviembre de 1631 viajó de nuevo a Madrid por encargo del Gobernador de Cartagena, para dar cuenta del estado de las defensas y entregar los planos de la ciudad, del puerto y de las fortificaciones de la ciudad. Algunos de estos planos se encuentran todavía en el Archivo de Indias en España. El 23 de octubre de 1632 fue nombrado Ingeniero ayudante y reemplazó a Juan Bautista Antonelli (el joven) cuando este tuvo que ausentarse para Araya y Cumaná. Fue nombrado el año de 1637 Capitán de Artillería, por el Gobernador de Cartagena don Antonio Maldonado de Tejada.

En marzo de 1640 dirigió el salvamento de la nave capitana y de los galeones: “Buen Suceso” y “Concepción” que habían encallado en la bahía cuando trataban de pasar el canal de Boca Grande, logrando salvar más de 80 piezas de artillería.

Se sabe que hizo los planos del Fuerte de San Luis de Bocachica en 1642, asimismo el 15 de agosto de 1648 realizó un plano de una torre proyectada para que sirviera de plataforma al castillo de San Luis de Bocachica. Esta nunca se construyó. En 1649 fue nombrado Ingeniero Militar de las Indias, con carácter interino. El nombramiento definitivo lo recibió sino 5 años después. Ya con este nombramiento en 1654 hizo el proyecto de un muelle y espalda a la mar en piedra seca con el fin de remediar los daños causados a las murallas por el temporal de ese año.

El 11 de febrero de tuvo que viajar a Sevilla para rendir informe sobre las fortificaciones realizadas en el presidio de Cavite. En 1667 fue nombrado Castellano del fuerte de  San Felipe de Portobelo. Muere en Cartagena el año de 1670.

Enrique Marco Dorta: “Cartagena de Indias”. Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla. Sevilla, 1951. pp. 115-117.

Plano de Somovilla

Nace en 1734, en La Habana, hijo de don Agustín de Escalera, natural de Andalucía, y de Manuel Domínguez, de La Habana, fue bautizado el 15 de septiembre de ese año. Escalera perteneció al gremio de pintores y era considerado maestro. La primera pintura que se tiene registrada de él es un retrato de don Luis Vicente Velasco en 1763, hoy en el Museo Naval de Madrid. Es frecuente encontrar en Escalera los colores tradicionales de la escuela Sevillana, de la cual tuvo gran influencia. Escalera fue contratado además por el primer Conde de Casa Bayona para pintar los principales retablos y la pechina de la cúpula de la Iglesia de Santa María del Rosario, la obra religiosa más importante del artista. Fallece el 4 de julio de 1804.

La Santísima Trinidad - José Nicolás de Escalera y Domínguez

Página siguiente »