En 1633 se le ubica como maestro pintor y dorador, natural y residente de la villa de Riobamba. Se conoce de su existencia gracias a un concierto que indica que los indígenas del pueblo de San Andrés lo habían sacado de la cárcel para que firmara una escritura en se obliga a renovar la pintura y dorado del retablo grande y colaterales de la iglesia del pueblo. Los indígenas principales de San Andrés, Agustín Cuxi, Agustín Buñay y Jerónimo Bilcapi, debían pagar al pintor excarcelado la suma de quinientos patacones de a ocho reales el día de la firma del contrato, y otros quinientos luego del término de dos años y medio. Esos quinientos se entregarían a Melchor Cuadrado de Vargas como pago por las deudas del artista.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 221, 222