Albañil mestizo, poblador de Quito, aparece en un contrato de 1623 por el que se compromete a trabajar en el convento de San Francisco. Los eclesiásticos le pagarían, en un año, doscientos veinte patacones, una botija de vino cada dos meses y el sustento diario en el almuerzo. Álvarez continuó la obra de Mitima, Morocho y Borja; y es, en gran parte, autor de los hermosos claustros del convento franciscano.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 200, 201