Procede del árabe horr, que significa “de condición libre”. El adjetivo horro se aplicaba al “esclavo que ha sido libertado” y la carta de horro era el documento en que se acreditaba que el esclavo había sido libertado. Era la carta que acreditaba que quien la tenía era libre. Ahorrarse fue la forma genuina del verbo ahorrar, y con él se significaba la aportación económica del esclavo (o del cautivo) para comprar su libertad.

Los principios cristianos obligaban a los amos a tratar consideradamente a los esclavos. De donde resulta que al esclavo le quedaba tiempo para trabajar a sueldo para otro amo, y con el dinero que iba entregando y anotando en la cartilla de ahorro compraba su libertad.