Santa Catalina de SienaVIDA Y LEYENDA

Santa dominica del siglo XIV. Nacida en Siena hacia 1347, era la vigésimo quinta hija de un tintorero que se llamaba Jacopo Benincasa. A los siete años hizo voto de virginidad. Como su madre quería casarla, se rasuró la cabeza. Recibida en la tercera orden de santo Domingo a los dieciséis años de edad, a pesar de la oposición familiar, vistió el hábito negro de las terciarias o Hermanas de la Penitencia. En el convento llevó una vida ascética que arruinó su frágil salud. Profesaba una devoción particular a santa Inés de Montepulciano. Según la leyenda, cuando Catalina visitó la tumba de santa Inés, y se inclinaba ante el cuerpo de la santa para besarle el pie, ésta la levantó hasta la altura de sus labios. Se la glorificaba por haber contribuido a traer al papa Gregorio XI a Roma, desde Aviñón. En ocasión del cisma de Occidente, tomó partido por Urbano VI. Murió en Roma en 1380 y fue canonizada en 1461. Su cuerpo reposa bajo el altar mayor de la iglesia dominica de Santa María sopra Minerva, cerca de Fra Angelico. Pero su cabeza fue reclamada por Siena, su ciudad natal.

 La mayor parte de los rasgos de su leyenda son de origen dudoso. La historia de su estigmatización fue creada por los dominicos para competir con san Francisco de Asís. La leyenda de su matrimonio místico con Cristo es una copia de la leyenda de su homónima, santa Catalina de Alejandría.

ICONOGRAFÍA

No existe retrato auténtico de santa Catalina de Siena. Por lo tanto, su iconografía es convencional. Vestida con una túnica blanca y el manto negro de las dominicas, lleva en la mano el lirio simbólico de las vírgenes o un crucifijo. A veces tiene como atributo un corazón, porque Jesús le habría dado su corazón a cambio del suyo. Tiene la frente ceñida por una corona de espinas, porque cuando Cristo la invitó a elegir entre una corona de oro y otra de espinas, optó por la segunda. Por último, a la manera de san Francisco, se caracteriza por sus estigmas.

Fuente: Iconografía del arte cristiano, de Louis Réau.