Maestro platero poblador de Quito. En 1630 se compromete con los franciscanos a hacer doce frontales de plata blanca batida y de estampado para el fin del mes de marzo de 1631. El trabajo costaría dos mil patacones de a ocho reales. El convento entregó ciento sesenta marcos de plata, más la madera y los operarios que fueren necesarios.

López trabajó también un baúl de 3 cuartas de largo y su proporción de alto de plata con adorno encima de la tapa para el Santísimo Sacramento. El artista recibió también como parte de pago quinientas misas rezadas.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 273