Nace hacia 1756 en Antigua Guatemala. Compositor, violinista y cantante. Desde temprana edad fue orientado musicalmente por su padre Ramón Sáenz, filarmónico que trabajó en la Catedral durante el obispado de Pardo Figueroa. Fueron sus maestros, Mateo Álvarez y Manuel Pellecer. Hasta 1779, año en que se decide el traslado de la Catedral al Valle de la Ermita, prestaba sus servicios en el Convento de Concepción. Ya en la Nueva Guatemala, en 1786, era contratado eventualmente para reforzar al grupo de la Capilla en la Catedral Metropolitana en las fiestas extraordinarias y de mayor pompa. En ese año apoya a Manuel Mendilla, cantante de la Capilla, para establecer las ordenanzas que tendían a regular el oficio de los músicos y evitar los fraudes y abusos contra el gremio. Su trabajo como titular de la Capilla da inicio el 6 de octubre de 1789, llegando a servir a la iglesia durante 36 años. Su ejemplar desempeño profesional fue reconocido por el maestro de Capilla Rafael Antonio Castellanos en 1780, afirmando que su voz, habilidad, destreza en la música, canto de órgano y ejecución eran de lo mejor de la capital en ese momento.

A fines del año de 1796 reside en el Barrio de Capuchinas, con su esposa Basilia Álvarez y sus 6 hijos: Benedicto, Mateo, Aniceto, Teodoro, Dolores y Gil. Al año siguiente encabeza una solicitud de siete miembros de la Capilla para remover del puesto de Maestro de Capilla interino Miguel Pontaza, quien había sucedido a Castellanos luego de su fallecimiento en 1791. El Cabildo resuelve nombrar a Pedro Nolasco Estrada, bajo cuyo régimen Vicente es propuesto para un aumento, por la calidad de su trabajo y ser el primer violín de la Capilla. Este puesto lo conserva hasta el 15 de marzo de 1802 cuando renuncia junto a Juan Fajardo y su hijo Benedicto, con motivo de atender otras ocupaciones que les representaban mejores ingresos.

Cuando su hijo gana el concurso para ocupar el puesto de organista de Catedral, en 1803, Vicente se acerca de nuevo a la Catedral, reincorporándose en 1805 como Maestro de Capilla, en la plaza que había quedado vacante por fallecimiento de Nolasco Estrada.

 El 1 de Septiembre de 1806 queda viudo de Basilia Álvarez y contrae segundas nupcias al año siguiente con María Gertrudis Castillo. Fuera de su trabajo como violinista y cantante en Catedral y otras iglesias, como Belén y Santo Domingo, dirigía orquestas en actos públicos. También practicó la docencia atendiendo particularmente a multitud de alumnos, habiendo formado a la mayoría de filarmónicos que actuaron en la primera mitad del siglo XIX. Desde 1806 es contratado como maestro en el colegio de seises de San José de los Infantes, para preparar niños cantantes para la Catedral.

Algunos de sus trabajos litúrgicos en latín presentan solidez compositiva, sentido de la proporción y un magistral manejo de la textura y la densidad, como ocurre en el Invitatorio de Difuntos en Re o en su Lección 1era. de Difuntos Parce Mihi. Fue célebre su Salve en Fa cantada hasta principios del siglo XIX en las reservas del Santísimo Sacramento. Igualmente, sus villancicos en castellano, junto a sus sones de pascua, se conocieron hasta en caseríos apartados de la República. Estas alegres piezas derivadas del son, constituyen una de las primeras manifestaciones del espíritu popular vernáculo aceptado oficialmente, que fortalecieron la conciencia nacional de la época, marcando caminos para la expresión musical guatemalteca ulterior. Muere en Nueva Guatemala en el año de 1841.