Francisco Javier Báez nace en 1748. Son numerosas las obras que de Báez han llegado hasta nosotros. Aún en 1879, las prensas de la imprenta Boloña, como nos afirma Valdés Domínguez, reproducían los viejos cobres y maderas de Báez. Se trataba sobre todo de estampas religiosas: efigies de santos como San Salvador de Horta, San Judas Tadeo, el Señor de los Agonizantes, el Beato Sebastián de Aparicio. Pero se tienen también noticias de numerosos retratos laicos tales como el del Obispo Morell de Santa Cruz, Carlos IV, Fernando VII y Jorge III de Inglaterra. Todos estos retratos incluían adornos alegóricos y atributos.

También hemos visto, de este autor, infinidad de “escudo de armas, marcas de cigarros, viñetas curiosas, ya en madera, ya sobre metal o al buril”. Pero la obra más conocida de nuestro grabador es la serie de ilustraciones que, con la cooperación de su hijo, grabó para la obra del naturalista portugués, Antonio de la Parra, titulada Peces y Crustáceos de la Isla de Cuba. Parra vino a Cuba en 1771, comisionado por el Gobierno y el Jardín Botánico de Madrid, con encargo de recoger objetos para el Museo de Historia Natural. Ayudado por varios cubanos ilustrados, imprimió ese primer tratado de Ictiología habido en Cuba, con sesenta y cinco láminas grabadas por Báez. Muere el 28 de junio de 1828.

Francisco Javier Báez