El FénixHay que volverse hacia Egipto para buscar la razón de la presencia del fénix en la serie de emblemas personales de Jesucristo, ya que allí nació la fábula que hace del fénix el pájaro más fabuloso que haya creado la imaginación humana. El ave fénix era honrado en el templo de Heliópolis con una leyenda propia: nunca vivía más de un fénix en el mundo. Cuando sentía que iba a cumplir quinientos años, levantaba el vuelo, pasaba primero por Arabia hasta llegar a Heliópolis, se construia sobre el altar del templo una hoguera hecha de aromáticas plantas de Arabia que era encendida por el sol, y sobre la cual se consumía; pero de sus cenizas nacía un pequeño gusano que antes de terminar el día se convertía en un nuevo fénix lleno de vigor.

Los Padres de los primeros siglos, creyendo unos ingenuamente a los naturalistas de su tiempo, recibiendo la mayoría la leyenda con reservas, sacaron todos de este animal fabuloso la imagen de Cristo resucitado. San Clemente, San Cipriano, Lactancio, Tertuliano, Orígenes, San Cirilo de Jerusalén, San Gregorio Nacianceno, San Ambrosio, San Epifanio y otros muchos utilizaron en sus escritos la leyenda del fénix como símbolo de la resurrección. Por ello aparece frecuentemente en el arte cristiano, bien como emblema del dogma, bien como imagen simbólica de Cristo.

También fue emblema de diversas virtudes. En la heráldica francesa fue emblema de la Esperanza, tanto como sentimiento humano cuanto como virtud teologal. También fue emblema de la pureza de conciencia y, a veces por extensión, de la castidad.

Fuente: El bestiario de Cristo, de L. Charbonneau-Lassay.