Maestro platero morador de Quito. El 28 de marzo de 1605 se obligó a hacer y labrar un relicario de plata con veinte marcos de ella para la Compañía del Nombre de Jesús, basado en el pergamino firmado por el padre Antonio Pardo. Debía recibir como pago doscientos cincuenta pesos de plata corriente marcada, pagados ciento cincuenta el momento de la encomienda, veinticinco pesos a dos meses y ciento treinta al finalizar la obra. El relicario fue entregado en el plazo estipulado de cuatro meses y fue colocado en la estatua de San Jerónimo en el altar de la iglesia del Colegio de los Jesuitas.

Asociado con Luis Aguilar en 1612 aceptó la comisión de Cristóbal San Martín, albacea testamentario y tenedor de bienes de don Benito Cid, para trabajar una lámpara de plata que debía mantenerse perpetuamente prendida en el altar de Nuestra Señora del Rosario en el convento de Santo Domingo. Los plateros recibirían ciento diez marcos de plata blanca para la fabricación de la obra. Ambos artistas se comprometieron en 1626 a labrar la custodia de plata para el Santísimo del convento de San Francisco, por la suma de mil cuatrocientos patacones que recibirían al cabo de un año.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 271.