En 1690 Juan Esteban Espinosa de los Monteros habla de este oficial aprendiz de pintor de raza negra, discípulo suyo, que fue comprado al Capitán Bartolomé Sierra, cuando Miguel contaba con apenas diez años. Miguel, el esclavo, y Juan Francisco Arteaga, son los únicos casos que excepcionalmente se ha encontrado de presencia de sangre africana pura en los talleres de arte quiteños.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 232