En un manuscrito de Juan Antonio Vargas y Guzmán, que es el tratado más antiguo sobre la guitarra de los que se han encontrado, está escrito con una guitarra de seis cuerdas en mente, aunque para ser más exactos, don Juan Antonio no habla de cuerdas sino de “órdenes”. Una “orden” se refiere a una, dos o tres cuerdas que se afinan con la misma nota (ya sea al unísono o a la octava). En el tratado que nos ocupa, las órdenes son de dos cuerdas, así que la guitarra de Vargas y Guzmán tenía seis cuerdas dobles (o doce cuerdas si se quiere ver de otra manera), aunque se contempla también la posibilidad de tocar con cuerdas sencillas.

Otra diferencia de las guitarras antiguas con las modernas es que no todas llevaban trastes fijos como nuestros instrumentos actuales, sino que algunas los tenían móviles, mismos que el músico tenía que ajustar. Los “trastes” son las delgadas tiras metálicas que dividen el “diapasón” de la guitarra. El “diapasón” es la parte plana del brazo de la guitarra en donde el músico “pisa” las cuerdas con las yemas de los dedos de la mano izquierda para tocar así diferentes notas con la misma cuerda. Los trastes garantizan que la guitarra se escuche con una buena afinación.

Los trastes móviles eran “de cuerdas” en lugar de tener “ligaduras de alambre, que son finas”, como son los trastes de nuestras guitarras modernas.

La guitarra en el siglo XVIII - Manuscrito de Oviedo