Los mercedarios al igual que otras ordenes tuvieron su Recoleta, se trata del convento de El Tejar. En 1754, el P. Francisco Bolaños solicitó licencia para construir una Recoleta en el lugar conocido como El Tejar, en las alturas de Quito. La iglesia fue reconstruida en 1832, y se parece muy poco a lo que debe haber sido la original. Sin embargo, el claustro se parece mucho al del convento mercedario en el centro de Quito. Por cada arco sobre columnas de la planta baja, dos arcos se abren en la alta, también separados por columnitas. Todos los arcos llevan una moldura curva continua que los proteje como una ceja. Una extraña pilastra alta separa los arcos entre sí en el nivel bajo y una clave marca sus respectivos centros.

Historia del Arte Colonial Sudamericano, Damián Bayón et. al, Ediciones Polígrafa, 1989, p. 266