No se sabe su origen, sin embargo, tuvo talentos múltiples pues, además de ser dorador y estofador, era valioso pintor y platero. En abril de 1606 recibió del padre procurador de los franciscanos la cantidad de cuatrocientos cincuenta pesos para trabajar los marcos de plata de la iglesia de San Francisco. Recibió un anticipo de ciento cincuenta pesos.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 160