El LeónSu fortuna en la simbología de Cristo fue menos brillante que otras, por ejemplo la del pez, del cordero, del pelícano, el ibis y del águila.

En su obra sobre el arte religioso del siglo XIII en Francia, Emile Male, al explicar la presencia del león en un vitral de Bourges que lo muestra cerca de la tumba de Jesús resucitado, refiere la tradición en virtud de la cual el león se convirtió en emblema de Jesucristo en el arte cristiano, en cuanto Hombre-Dios resucitado. “Todo el mundo” decía Male “admitía en la Edad Media que la leona paría cachorros que parecían nacidos muertos. Durante tres días los cachorros no daban señales de vida, pero al tercer día volvía el león y les daba vida con su aliento”.

Los autores de los bestiarios medievales tomaron sin duda esta ficción de Aristóteles y Plinio el Viejo. En aquel mundo completamente idealista el auge de la ficción de los cachorros nacidos muertos y vivificados al tercer día por su padre fue enorme; contó con el favor de San Epifanio, de San Anselmo, de San Yves de Chartres, de San Brunon de Asti, de San Isidoro, de Adamantius y de todos los fisiólogos.

Además de este significado relacionado con la resurrección, el león se convirtió en emblema de Cristo con otros significados:

El león como emblema de las dos naturalezas de Cristo. Los antiguos estaban de acuerdo en afirmar que todas las cualidades activas del león están localizadas en la parte delantera de su cuerpo, mientras que la trasera tan solo tenía función de sostén, de punto de apoyo. Por eso, en sentido figurado, y apoyándose en San Ireneo, Pedro Valeriano escribirá Anterioribus partibus coelestia refert, posterioribus terram. Partiendo de este dato, hicieron de la parte delantera del león el emblema de la naturaleza divina de Cristo, y de la parte posterior del animal, la imagen de su humanidad.

– El león como emblema de la ciencia de Jesucristo. Eliano y muchos otros autores romanos le atribuían al león el darse cuenta de que se acercan los cazadores; por eso, decían ingenuamente, borra las huellas de sus pasos azotando la arena con su rabo. También se le atribuía el reconocer por el olor de la leona cuando ésta había faltado a la fidelidad. Así, en las fábulas muy antiguas, el león es aquel a quien no se puede engañar.

– El león como emblema de la vigilancia de Cristo. La vieja creencia de que el león dormía con los ojos abiertos no resultó indiferente a los primeros simbologistas cristianos. En el sueño del león con los ojos perpetuamente abiertos se vio la imagen de Cristo atento que todo lo ve. San Carlos Borromeo, recogiendo esta antigua simbología, dio el consejo de adornar las iglesias con la figura del león vigilante para recordar a los que tienen cura de las almas la vigilancia necesaria.

– El león como emblema del verbo divino. Algunos escritores místicos vieron en el rugido del león la imagen de la poderosa palabra de Cristo. Por ello, en muchas iglesias los púlpitos suelen ser sostenidos por leones.