Fue la hija primogénita de Miguel de Santiago y su sucesora en el arte del pincel. Su existencia estuvo marcada por la desgracia de haber sido violada antes de contraer matrimonio. Las convenciones sociales de aquella época la obligaron a casarse con su violador, Juan Merino de la Roza. Años después, quizás cuando consiguió la anulación de dicho vínculo, o cuando falleció de la Roza, contrajo matrimonio con el capitán Antonio de Egas Venegas de Córdova, también pintor, y dejó sucesión que perennizaría la sangre del maestro Miguel de Santiago. Uno de sus hijos Nicolás Fortunato, aparece como fraile de San Agustín.

No se sabe si hasta el presente se han detectado otras obras realizadas por Isabel de Cisneros, a más del retrato de Juana de Jesús que pintó para el convento de Santa Catalina en Quito.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 226