Antonio Arévalo fue el último de los ingenieros militares españoles que trabajaron en Cartagena. Sus construcciones han perdurado hasta nuestros días y constituyen la mayor atracción turística de la ciudad. Nace en 1715 en la Villa de Martín Muñoz de la Dehesa, cerca de Arévalo en Castilla la Vieja. El 1 de octubre de 1736 ingresó como cadete en el Regimiento de Orán, en donde estudió matemáticas por tres años. Para 1739 viajó a Madrid para comparecer ante la Real Junta de Fortificaciones y obtuvo el grado de Subteniente de Infantería y la patente de “delineador” apto para el ascenso a “Ingeniero Extraordinario”. Puesto que obtuvo el 4 de junio de 1741. Después fue destinado a Cádiz donde estuvo a las órdenes de don Ignacio Sala, quien era, ingeniero Director de las Fortificaciones de Andalucía.

El 6 de febrero de 1742 se embarcó para Cartagena por órdenes del Ingeniero Mac-Evan. En el camino conoció La Guayra, Puerto Cabello y Maracaibo. Levantó los planos de San Juan de Puerto Rico y de otras ciudades de las ciudades que visitó. El 29 de noviembre de ese año llegó a Cartagena. Allí levantó un mapa de la bahía de Carta y sus inmediaciones; pasó a Santa Marta, por orden del Virrey Eslava, donde también levantó planos e hizo además las obras necesarias para ponerla en defensa. Regresó a Cartagena y trabajó en el fuerte de San Sebastián del Pastelillo, en el baluarte de San José, en la construcción del cuerpo de guardia y cisternas del Castillo Grande y en los recalzos que se le hicieron a la muralla de la Marina. Trabajó en las obras del Dique de Boca Grande, proyectado por don Ignacio Sala. Viajó a Honda para construir un puente de cal y canto sobre el río Gualí. Viajó a Santafé, donde elaboró el proyecto, que ejecutó en gran parte, de una calzada de media legua de longitud con dos puentes en una llanura anegadiza.

En 1753 reemplazó a Ignacio de Sala, cuando éste visitó Portobelo. Trabajó en el fuerte de San Fernando a órdenes de don Lorenzo de Solís. En 1757 reemplazó a don Lorenzo de Solís, cuando éste marchó a Veracruz. Inició la demolición del castillo de San Luis y el saneamiento de las inmediaciones pobladas de ciénagas, que eran fuente de enfermedades. Se enfermó de gravedad. Dirigió los recalzos que se hicieron a los baluartes de La Merced, Santa Clara y Ballestas. En 1761 se le encomendó la misión de pacificar a los indios del Darién y de practicar el reconocimiento de aquellos territorios. Levantó un mapa general y varios planos de sus puertos y caminos, escribió un diario de viaje, así como una descripción de la provincia y de las ventajas que se obtendrían poblándola ya que ofrecía fáciles pasos hacia el Pacífico.

Para 1762 regresó a Cartagena que estaba en guerra con los ingleses y tuvo que encargarse de sus defensas: construyó las baterías de los cerros de San Luis, San Felipe y San Lázaro, hizo otras en Bocachica, reunió toda clase de pertrechos de guerra, y clausuró las puertas de Santo Domingo y Santa Catalina. Entre 1765 y 1771 trabajó en la construcción del dique o escollera, paralelo a la muralla, desde el baluarte de Santo Domingo hasta el de Santa Catalina. Este Dique sirvió de protección a la muralla de la Marina.

El 26 de julio de 1773 fue ascendido a Brigadier y poco después a Ingeniero Director. En 1782 fue nombrado gobernador interino de Cartagena. Continuó al frente de la Comandancia de Ingenieros de Cartagena y terminó por completo las fortificaciones. El 26 de febrero de 1791 fue ascendido a teniente general de los ejércitos. El 27 de septiembre de 1799 se le concedió pensión de retiro, nombrándolo a su vez Consejero del Estado Mayor del Ejército del Virreinato de Santafé. Muere el 9 de abril de 1800 en Cartagena.

Enrique Marco Dorta: “Cartagena de Indias”. Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispano Americanos de Sevilla. Sevilla, 1951, pp. 172-189, 260-264.

Plano realizado por Antonio de Arévalo de la bateria del angel San Rafael