Nace en Alcorisa en 1583. Adquirió su formación artística en Valencia y en Madrid. Al parecer adquirió fama en Valencia, hacia 1630, con un cuadro de Cristo crucificado que no ha llegado hasta nosotros. En 1632 trabaja en la iglesia del Real Seminario de San Carlos Borromeo de Zaragoza y en la Basílica del Pilar.

Sirvió al prelado Juan de Palafox y Mendoza, con quien partió a México cuando aquel fue nombrado obispo de Puebla de Zaragoza entre 1639 y 1649. Allí diseñó la cúpula de la Catedral de Puebla y pintó seis lienzos para la decoración de la capilla del Sagrario o de los Reyes.

Se ordenó sacerdote y, a la muerte de Palafox, fue llamado para ser capellán del cardenal Baltasar Moscoso y Sandoval, arzobispo de Toledo, para trabajar en la sede catedralicia como arquitecto y pintando para ella los lienzos de san Pedro y san Pablo. En 1660 murió, tras declararse “cansado de trabajos pesados” y sufrir una profunda melancolía —hoy diríamos depresión— en Toledo.

Su única obra ejecutada con seguridad por Pedro García Ferrer, y fechada en 1632, es el Martirio de San Lupercio del retablo de la capilla homónima de la iglesia de San Carlos Borromeo del seminario zaragozano. La obra presenta la imagen del martirio del santo contemplada por don Lupercio Xaureche y Arbizu como orante y donante del retablo. El cuadro se adscribe al tenebrismo de Caravaggio y en él destaca el dibujo de las cabezas de las figuras y el colorido en tonos cálidos.

Altar de los Reyes - Pedro García Ferrer