Taxco Santa PriscaAprovechando que esta fue la Semana Santa, voy a mencionar el Templo de Santa Prisca de Taxco, lugar donde se celebra y escenifica esta festividad de una forma muy especial. Santa Prisca constituye el ejemplo más completo del barroco mexicano. La única obra, entre las grandes creaciones del siglo XVIII, que permanece intacta y que fue terminada en la época en todos sus detalles.

El Templo de Santa Prisca es un monumento colonial que se localiza en la ciudad de Taxco de Alarcón, en el norte del estado de Guerrero, México. Se trata de un edificio construido en la década de 1750 (más precisamente, entre los años 1751 y 1758), dedicado para el culto católico en esa población cuya principal actividad fue —y sigue siendo— la minería de la Plata.

La construcción fue ordenada por el minero catalán José de la Borda, uno de los más prósperos de la región taxqueña por el siglo XVIII. Desde 1758 hasta 1806, el templo fue el edificio más alto de México.

La parroquia se ubica en una pequeña hondonada con respecto al resto de la ciudad de Taxco. Tiene una planta de cruz latina, con una nave lateral que sirve de capilla para el altar de las Ánimas. Posee dos torres gemelas de estilo churrigueresco y una capilla decorada con azulejos de talavera, característicos de la arquitectura novohispana.

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Santa Prisca cuenta con nueve retablos, trabajados en madera y recubiertos con hoja de oro. El estilo de los retablos forma una unidad con el conjunto arquitectónico, es decir, se trata de una muestra del barroco novohispano de mediados del siglo XVIII. El retablo mayor está dedicado a la Purísima Concepción y a los santos patrones de la ciudad de Taxco de Alarcón: Santa Prisca y San Sebastián. En las capillas del transepto del templo se ubican otros dos importantes retablos, uno dedicado a la Virgen de Guadalupe y el otro a la Virgen del Rosario.

Los temas centrales de la construcción son: la patrona Sta Prisca, San Sebastian, los evangelistas, las conchas (que simbolizan el bautismo de Jesús), las hojas de laurel (que simbolizan el triunfo de la fe) y las uvas, que representan la sangre de Cristo. En el interior se hallan pinturas de Miguel Cabrera, llamado “el divino”, pintor oaxaqueño nacido en el siglo XVII, al que José de la Borda encargó los cuadros que decoran el edificio.

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