El arte cristiano, más que cualquier otro, concede un valor considerable a las virtudes de los números, bien porque conserva el recuerdo de las doctrinas neoplatónicas, bien porque los teólogos se sirven de ellos por ser un medio mnemotécnico cómodo para la instrucción religiosa de los iletrados

La cifra 1, que no puede dividirse sin dejar de existir, es el símbolo de Dios Padre.

La cifra 2 designa las dos naturalezas de Cristo, divina y humana.

El 3 y el 4, que sumados dan 7 y multiplicados 12, son los números a los que el cristianismo atribuye una mayor virtud. En el pensamiento de San Agustín expresan, respectivamente, el alma y el cuerpo, el espíritu y la materia; sumados o multiplicados, designan la unión del alma y del cuerpo en la criatura humana y la Iglesia universal.

3 es la cifra de la Trinidad, simbolizada en el Antiguo Testamento por los tres ángeles en la mesa de Abrahán. En la construcción de iglesias, hacen alusión a la Trinidad el triple ábside y las tres portadas de la fachada. También es la cifra de los Reyes Magos que representan las tres partes del mundo conocidas en tiempos de Cristo.

4 es el número al que corresponden los elementos, las estaciones, los ríos del Paraíso, lso temperamentos o complexiones del hombre, así como los evangelistas, los profetas mayores, los padres de la Iglesia, las virtudes cardinales y, después del descubrimiento de América, las partes del mundo.

A la cifra 5 corresponden los cinco libros de Moisés, las cinco llagas de Cristo, las cinco vírgenes necias y prudentes, los cinco sentidos.

A la cifra 6, símbolo de perfección, los seis dís de la Creación.

7 es un número particularmente augusto que se obtiene sumando 3, cifra impar de la Trinidad divina, y 4, cifra par del mundo compuesto de cuatro elementos. Se aplcia a la Creación, a los dones del Espíritu Santo, a los gozos y dolores de la Virgen, a las virtudes cardinales y teologales (que se contraponen a los siete pecados capitales), a los sacramentos, los planetas, las edades de la vida, los días de la semana, las artes liberales. Ocupa un lugar considerable en el Apocalipsis, donde se hace referencia a las siete iglesias de Asia, a los siete sellos, a las siete copas de la cólera divina y al dragón de siete cabezas. En la tradición evangélica el 7 representa la cifra de la gentilidad o de la universalidad.

El número 8 simboliza el renacimiento por el bautismo y la resurrección, razón por la que los baptisterio y las fuentes bautismales tienen a menudo forma octogonal. También se vincula con las bienaventuranzas y con los tonos de la música gregoriana.

La cifra 9 contiene tres veces el número de la Santísima Trinidad. Corresponde a los coros de los ángeles.

El 10 corresponde a los mandamientos del Decálogo.

11 significa el pecado, porque este número “transgrede” el 10, que es la cifra del Decálogo, y el pecado es la transgresión de la Ley.

El 12, producto del 3 multiplicado por 4, rivaliza en importancia con el 7, por ser la cifra no sólo de los meses del año y de los signos del Zodiaco, sino también, sobre todo, de las doce tribus de Israel, de los doce apóstoles y, por tanto, de la Iglesia universal.

El número 13 se consideraba que acarreaba desgracia.

14, dos veces 7, es la cifra de los 14 intercesores.

24 corresponde a los ancianos del Apocalipsis.

33 es el número de años de la vida de Cristo y por eso Dante divide en treinta y tres cantos su trilogía de la Divina Comedia.

40 es la cifra bíblica de los tiempos de prueba. El diluvio dura cuarenta días, así como el ayuno de Cristo después de su bautismo. Los israelitas erraron cuarenta años por el desierto antes de penetrar en la Tierra Prometida.