Maestro dorador y espadero, residente criollo de Quito, fue contratado en 1636 por María Magdalena Martínez para que enseñe el oficio a Diego Ortiz Sedeño, joven de 16 años, por el tiempo de tres años. Seguramente el joven llegó a ejercer como batihojas, sumándose al grupo de los renombrados artistas quiteños.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 176,177