San AgustínVIDA Y LEYENDA

Es uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia latina. Nació en 354 en Tagaste, cerca de Hipona, en el norte de África. Estudió retórica en Cartago, luego en Roma hacia donde se fugó en 383. En sus Confesiones ha contado los extravíos de su juventud disipada y la obstinación con que se ató a la herejía de los maniqueos. Su conversión tardía, por la influencia de las plegarias de su madre Mónica y las instrucciones de san Ambrosio, tuvo lugar en Milán, en 387. Estaba tumbado bajo una higuera en un jardín cuando oyó una voz que le decía: “Toma y lee”. Abrió al azar las Epístolas de san Pablo, que tenía a mano, y cayó en este pasaje (Rom 13, 13-14): “Andemos decentemente (…) no en amancebamiento y libertinaje (…), antes vestíos del Señor Jesucristo”. Recibió el bautismo con su amigo Alipio y su hijo Adeodato. Su madre murió en Ostia en el momento en que él se embarcaba para regresar a África. Volvió a su patria y en 395 fue consagrado obispo de Hipona, donde murió en 430, después de haber escrito la Ciudad de Dios durante el sitio de Hipona por los vándalos.

El episodio más popular de su leyenda es la aparición ante el santo de un niño cuando meditaba acerca del misterio de la Santísima Trinidad. El niño se esforzaba en la playa queriendo vaciar el mar con una concha: la empresa era tan insensata como pretender explicar el misterio de la Santísima Trinidad. Esta historia apareció a principios del siglo XIII, en una compilación de Exempla para uso de los predicadores reunida por el cisterciense romano Cesario de Heisterbach. Pero en esa obra se hablaba de un teólogo anónimo. Fue el dominico francés Thomas de Cantimpré quien tuvo la idea de sustituir al teólogo anónimo por san Agustín. La leyenda sólo se hizo popular en el siglo XV.

PATRONAZGOS

Por sus escritos fue elegido patrón de los teólogos y los impresores. En Florencia su protección se extiende a los que recogen papeles viejos. Aunque no sea un santo curador, en los países de lengua germánica la etimología popular, que estableció una relación entre Agustín y Auge (ojo), le confirió el poder de curar enfermedades oculares. Por ser africano, se lo invocó contra las plagas de langosta.

San Agustín

ICONOGRAFÍA

Está representado casi siempre como obispo, con mitra y báculo; pero a veces como simple monje, con hábito negro y cinturón de cuero. Su atributo habitual es el corazón inflamado, atravesado por una o tres flechas. A partir del siglo XV con frecuencia se lo caracteriza por la presencia de un niño, en alusión a la leyenda ya comentada. 

Se representan además diferentes escenas de su vida: Agustín conducido por su madre a la escuela de Tagaste, la despedida de ambos, su vocación, su bautismo, su predicación ante Valerio, obispo de Hipona, su consagración episcopal, su encuentro con el niño que quería vaciar el mar, lavando los pies a Cristo peregrino, argumentando contra el maniqueo Festo, quemando los libros de arrianos y maniqueos, su partida para Milán y su llegada a la misma ciudad, enseñando en Roma, su funeral y su glorificación.

Fuente: Iconografía del arte cristiano, de Louis Réau.