abril 2011


Catedral de Coro VenezuelaLa obra fue iniciada en 1583. Es un vasto edificio de 51 x 23.4 m con dos hileras de pilares circulares que reciben el peso del techo a dos aguas que cubre las tres naves. Un presbiterio poligonal se encuentra encerrado entre dos sacristías. Durante cinco años, entre 1608 y 1613, el maestro Francisco Ramírez proveniente de la Isla Margarita, realizó una cúpula sobre el presbiterio y dos bóvedas de cañón corrido sobre los locales adjuntos. El presbiterio poligonal puede ser una reminiscencia gótica. Después de un tiempo las obras quedaron interrumpidas, hasta que se le encarga a Bartolomé Naveda, modificar la portada, agregar contrafuertes a los muros y elevar una torre fuera de la masa del templo y situada en fachada del lado de la Epístola.

Historia del Arte Colonial Sudamericano, Damián Bayón et. al, Ediciones Polígrafa, 1989, p. 264

Arte MudéjarEstilo arquitectónico de los siglos XIII al XVI en que se combinan elementos del arte cristiano y la ornamentación arábe.

Convento de San Diego, Quito, EcuadorLa recoleta franciscana de San Diego de Alcalá fue fundada en la falda del Pichincha en el año 1599 sobre terrenos proporcionados por Marcos de Plaza. Se hizo cargo de la obra P. Bartolomé Rubio, que la debió terminar en 1625. A fines del siglo XVII se realizaron otros trabajos a cargo de un esclavo negro, José de la Cruz Moreno, que fue comprado por los frailes y después liberado. La fachada revela rusticidad y consiste en un arco rehundido con portada del Renacimiento en piedra y una torre-españada del lado del Evangelio. La nave única es del siglo XVIII con sillares almohadillados y entablamiento clásico. El presbiterio posee un artesonado mudéjar. En la nave se encuentra un esplendido púlpito dorado del siglo XVIII.

Historia del Arte Colonial Sudamericano, Damián Bayón et. al, Ediciones Polígrafa, 1989, p. 266

La significación de los cuatro puntos cardinales merecen tenerse en cuenta porque han influido en la planta y en la decoración de las iglesias, así como en la disposición de las tumbas.

Salvo raras excepciones, todas las iglesias cristianas están orientadas, es decir, su cabecera se dirige al este, hacia el lado del sol naciente. Este uso se generaliza a partir del siglo IV. H. Nissen precisa que los santuarios paganos o cristianos estaban orientados en función del punto del horizonte donde se asomaba el sol el día de la fiesta del dios o del santo al que estaba dedicado el templo.

Se trata, evidentemente, de un recuerdo de los cultos solares, de la antigua adoración del sol naciente, ya que en Egipto y Grecia los fieles se volvín hacia el Oriente para adorar al dios del sol y, muertos, se hacían inhumar frente al astro divinizado. En el cristianismo, el sol ya no se adora como un dios, pero permanece como el símbolo de la divinidad del Salvador.

Hay que añadir que Oriente es, al mismo tiempo que la fuente de la luz, la dirección de Jerusalén, la ciudad santa donde murió Jesús; también, la dirección de La Meca hacia la que se orienta el mihrab de las mezquitas musulmanas, que marca, como el altar de las iglesias cristianas, por así decir, el “punto de dirección” de las plegarias.

Como se ha observado con gran ingenio, esta necesidad simbólica de la orientación llevó a la arquitectura cristiana a la adopción de la planta basilical, en longitud, frente a la forma circular o semicircular del anfiteatro o del teatro que hubiera sido mucho más racional e infinitamente más práctica, ya que habría permitido a todos los asistentes, sentados en las gradas, ver las ceremonias litúrgicas y escuchar la palabra del celebrante o del predicador. Se descartó porque un hemiciclo o una rotonda se prestaría menos a canalizar las plegarias de los creyentes en la dirección del sol naciente y de la Ciudad Santa.

Al igual que el presbiterio de las iglesias, la sala capitular de los claustros está también orientada hacia el este.

Las excepciones a esta norma de la orientación son rara vez producto de una mala implantación por la impericia de los constructores, y se explican por razones litúrgicas o, todavía más a menudo, topográficas. Si el presbiterio de la basílica de peregrinación de Lourdes se vuelve hacia el oeste, es para cubrir la gruta milagrosa que le sirve de iglesia interior o cripta. La desviación del eje de la capilla absidal de Saint-Denis se explica por la existencia de un arroyo que se extiende a lo largo del costado sur del edificio, que fue preciso evitar para asentar bien los cimientos sobre un suelo al abrigo de la humedad, cuyos inconvenientes ya se habían constatado en la cripta.

Los cristianos no creen que el Dios que adoran habite en el Sinaí o en Jerusalén. Lo consideran universal y omnipresente; piensan que sus plegarias llegarán igualmente bien a su destino. Pero, aunque había perdido desde hacía varios siglos su razón de ser, la orientación de los lugares de culto en una regla que la Iglesia no abolió y a la que se sacrificaba la estética medieval: de ahí, por ejemplo, que en Colonia todas las iglesias, en lugar de mirar hacia el Rin, le dan la espalda.

Si el Oriente es el símbolo del Paraíso, el Occidente, por donde el sol se oculta, es considerando, por el contrario, como el reino del Anticristo, de las tinieblas y de la muerte; por eso el muro de la fachada occidental se reserva para la representación del Juicio Final, ya sea en el interior, en los mosaicos de las iglesias bizantinas, ya en el exterior, en los bajorrelieves de las iglesias románicas.

El Norte y el Sur tienen significaciones análogas. El Norte, que es la región de la oscuridad y de las escarchas, está dedicado a Satanás y al reino de la Ley. El Mediodía, de donde vienen la luz y el calor, evoca, por el contrario, la idea del Cristo Salvador, del reino de la Gracia.

Esta oposición determina, además, que al entrar el fiel en la iglesia tenga el Norte a la izquierda y el Sur a su derecha. Ahora bien, la izquierda siempre ha tenido fama de mal augurio, como lo prueba la doble acepción de la palabra sinister. La derecha ocupa, por el contrario, en todas las civilizaciones, el lugar de honor. La excelencia o preeminencia atribuida a la mano derecha está atestiguada a la vez por los textos, las imágenes y las costumbres.

En las crucifixiones simbólicas, la Iglesia está siempre a la derecha de Cristo, la Sinagoga a su izquierda. En las crucifixiones históricas, la Virgen, de mayor dignidad, ocupa el lugar de la Iglesia y San Juan el de la Sinagoga.

Cristo está sentado a la derecha del Padre. En la escena del Juicio Final, los elegidos están colocados a la derecha del Juez y los condenados a su izquierda. En la nave de las iglesias, separados por sexos, los hombres ocupan la derecha, las mujeres, consideradas inferiores, la izquierda.

En los programas decorativos de las iglesias el Norte está reservado al ciclo del Antiguo Testamento y el lado sur pertenece al Nuevo. Esta distinción se ve muy claramente en las portadas laterales de la catedral de Chartres y en los rosetones del transepto de Notre-Dame de París.

Otra consecuencia que incumbe a la arquitectura es que, según las reglas litúrgicas, el baptisterio debe estar situado en el norte de la iglesia, porque ese lado es la región de las tinieblas donde se sumergen los neófitos antes de su purificación por el bautismo.

El simbolismo de las cuatro partes del mundo, que se relaciona con el de los cuatro puntos cardinales, no se desarrolla, por supuesto, hasta después del descubrimiento de América. Se codificó en el siglo XVI en la Iconología de Ripa. Se puede considerar como una variante de este tema la representación de los cuatro ríos del Paraíso y de los cuatro grandes ríos de la tierra.

HISTORIA

Los cakchiqueles, viajaron desde Tulán juntamente con los quichés y se establecieron en lo que ahora es el departamento del Quiché, donde convivieron como pueblos aliados hasta alrededor de 1450.

Durante el reinado del poderoso Quikab (1425- 1475), se produjeron dos conflictos entre los quichés y los cakchiqueles. Luego del segundo de dichos conflictos, Quikab ordenó a los cakchiqueles que desalojaran Chiavar y que se trasladaran a Iximche. Después de la muerte de Quijab, los quichés y los cakchiqueles libraron sangrientas batallas, las que facilitaron el camino de los conquistadores españoles.

El territorio de Chiavar o Chiguila, fue ocupado, al salir los cakchiqueles por varios calpules Numá Quiché entre ellos, el de Uwilá que se cree estuvo asentado en lo que hoy es la cabecera municipal, pues incluso muchas personas conocen el nombre de Uwillá la actual villa de Santo Tomás. A la llegada de los españoles al territorio quiché, los calpules que ocupaban Chichicastenango acudieron a la defensa de Gumarcaah y padecieron igualmente la derrota.

A partir de 1539, la región central del Quiché fue encomendada a los misioneros dominicos, quienes se encargaron de administrar las reducciones o pueblos de indios, que se formaron, especialmente después de 1549.

En el año de 1544, el rey de España, Carlos I, otorgó privilegios a varios caciques indígenas por su colaboración en la conquista de la provincia de Verapaz (Tezulutolan). Uno de los caciques favorecidos fue Miguel de Chichicastenango, quien se le otorgó escudo y se le eximio de ser asignado en encomienda y de pagar tributo.

El padre Francisco de Ximenez, relata sobre los padecimientos de los naturales a causa de los trabajos forzados a que fueron sometidos desde la llegada de los españoles. Señalando que se dieron privilegios a los caciques de diferentes poblados, entre ellos al cacique Miguel de Chichicastenango, quien ayudo en la guerra con Tezulutlán, y contra los lacandones, privilegios expendidos en 1544, en que su majestad les prometió que no serían encomendados, concediéndoles escudos de armas y librarlos de ser percheros y tributarios a estos y a sus descendientes.

Fuentes y Guzmán, anotó en la Recordación Florida (1690) que Santo Tomás Chichicastenango pertenecía al Corregimiento de Tecpán Atitlán y estaba a cargo de la vicerrectoria de Santa Cruz del Quiché. Describiendo que su población era numerosa y activa, la mayoría de viviendas de teja y bien adornadas. Sus vecinos no padecían miseria por sus cultivos, dedicándose además a al elaboración de tejidos y el comercio su población era de 1596 habitantes.

Entre los años 1701 y 1703, Fray Francisco de Ximénez ocupó el cargo de párroco de Santo Tomás Chulá (como se le conocía en esa época) tiempo durante el cual descubrió en el convento el manuscrito del Popol Wuj que supuestamente fue escrito por el indígena Diego Reynoso en el año 1550.

El nombre de Chichicastenango, se originó de la palabra nahuatl Tzitzicastli, que se modificó como Tzitzicastenanco y luego Tzitzicastenango, que significa “en el cercado de las ortigas o en el lugar amurallado por las ortigas”. Ortiga (Urtica dioica), planta conocida popularmente como chichicaste.

Iglesia de la Asunción - Margarita - VenezuelaEsta iglesia fue construida entre 1590 y 1599. Su planta es un rectángulo de 51 x 17.5 m, dentro del cual se encuentran tres naves, presbiterio, sacristía y depósito. En la parte posterior del lado del Evangelio encontramos una torre. La estructura consiste principalmente en unos muros perimetrales portantes y dos filas de pilares toscanos vinculados entre sí en sentido longitudinal por arcos de medio punto. Esos elementos cargan el techo a dos aguas sobre la nave central. Su portada es de arco rebajado y queda enmarcada por un conjunto renacentista.

Historia del Arte Colonial Sudamericano, Damián Bayón et. al, Ediciones Polígrafa, 1989, p. 264

Torre de la Iglesia de la Asunción - Margarita - Venezuela

Nació en Santafé de Bogotá, Colombia. Solo se le conoce el dorado de El Retablo de la Capilla del Rosario de Tunja, en 1689, el cual fue ejecutado por encargo de Fray Agustín Gutiérrez y ensamblado por José de Sandoval. Es una de las joyas del arte colonial Colombiano. Se ignora el lugar de su muerte.

Enrique Marco Dorta: La Arquitectura del siglo XVIII en Panamá y Colombia. Capítulo XII, Tomo III de la Historia del Arte Hispanoamericano de Diego Angulo Iñiguez. Salvat Editores, Barcelona, 1955.
Guillermo Hernández de Alba: “Arte Hispánico en Colombia”. Edición de la Dirección de Información y Propaganda del Estado. Bogotá, 1955.

El Retablo de la Capilla del Rosario, Tunja

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