Son pocos los datos que se conocen sobre la vida de Manuel de Sumaya, uno de los más grandes compositores coloniales y actualmente figura fundamental de la historia de la música mexicana.

No se sabe la fecha exacta de su nacimiento, pero se piensa que es alrededor de 1679 en la ciudad de México. Se sabe que fue bautizado el 14 de enero de 1680, donde aparece como hijo de Juan de Sumaya y Ana de Coca.
Posteriormente en 1691 se ordena que dicho bautismo pase a ser parte del libro de los españoles, lo cual da pie a la controversia de su origen racial, algunos lo sitúan como mulato y otros como mestizo, lo que cabe destacar, es que para ese año adquiere más derechos por ser considerado español.
En 1690, el niño Manuel de Sumaya, ingresó a la capilla musical de la Catedral de México como seise, bajo la tutela del maestro de capilla Antonio de Salazar. En 1694 toma lecciones de órgano con el primer organista y maestro José de Idiáquez. Asimismo estudia composición con el ya mencionado Antonio de Salazar.
Su carrera fue en ascenso y en 1710 es nombrado segundo maestro de la capilla, en 1714 fue nombrado organista mayor. El 7 de junio de 1715 gana el derecho de ser el nuevo maestro de capilla por encima de Francisco de Atienza, en ese momento se convertía en el conductor “oficial” de la vida musical de la Nueva España.
El 29 de agosto de 1739, Manuel de Sumaya, decide irse de forma inesperada a Oaxaca, quizás por invitación de su viejo amigo, el obispo Tomás de Montaño y Áaron.
Allí residirá hasta su fallecimiento el 21 de diciembre de 1755.

Sus obras denotan multiplicidad de estilos.

En 1711, el nuevo Virrey, Don Fernando de Alencastre Noroña y Silva, Duque de Linares, gran aficionado a la ópera italiana, encarga a Sumaya la traducción de libretos italianos y la composición de nueva música para los mismos. El libreto de la primera obra compuesta La Parténope, se conserva en la Biblioteca Nacional de México, aunque la parte musical se ha perdido.

En 1715 compone, para la oposición al puesto de Maestro de Capilla de la Catedral de México, la “Sol-Fa de Pedro”.

Otra de las composiciones más conocidas de Sumaya, Celebren Publiquen, muestra su manejo del sonido policoral propio del Barroco primitivo: con su distribución de los recursos vocales en dos coros de distinto tamaño, copia el estilo de las escuelas corales Española y Mexicana de principios del S.XVIII. Las ricas texturas vocales y las elaboradas partes instrumentales reflejan el estilo “moderno” de Zumaya, alejándose radicalmente de sus anacrónicas composiciones renacentistas.

Compuso, asimismo, numerosas lamentaciones, villancicos, himnos, salmos y otras obras religiosas, así como también El Rodrigo (1708), clasificada como “melodrama” y que podría ser en realidad una ópera o una zarzuela sobre la leyenda del rey Don Rodrigo.