Lo que de su vida y de su obra ha logrado sacar a luz la Historia del Arte es, en realidad, muy poco para dar a este maestro el sitio que se merece. El padre José María Vargas, en su “Historia de la Cultura Ecuatoriana”, lo menciona así: “…Cuando se hizo en Quito la lista de los primeros escultores, para señalarles la cantidad que debían contribuir al fisco en 1825, en proporción a sus haberes, se numera a José Olmos con el máximo impuesto de 400 pesos como pintor y 250 como escultor…

Obra de sus manos son las esculturas de los cuatro ángeles que trabajó en 1806 para adornar el recamarín de Nuestra Señora del Quinch. El Cristo de la Agonía, en la parroquia San Roque, en Quito, esta imagen es de un dramatismo impresionante por la actitud y las llagas sangrantes.

De la pareja don Diego Olmos y Rosalina Pampite nace José Olmos, el escultor. De los pocos documentos que existen sobre este gran artista, uno menciona que en 1824 pulió la imagen de Nuestra Señora de la Concepción de Guápulo. En un documento del año 1778 figura Diego de Olmus como indígena perteneciente al gremio de carpinteros. Por el apellido y por el oficio puede colegirse que era hermano de José. José Olmos Pampite fue hijo de un carpintero ensamblador, natural de Topo o Tusa, en la región de los yumbos, los cuales eran conocidos por el trabajo primoroso de todo tipo de artefactos. El hijo debió seguir la tradición del padre, pero la refinó infinitamente en el arte de la escultura. José Olmos, insuperable imaginero contemporáneo del padre Carlos y de Miguel de Santiago, ejerció su oficio también con Manuel Samaniego y otros artistas de las mismas época y escuela.

ARTE COLONIAL QUITEÑO, RENOVADO ENFOQUE Y NUEVOS ACTORES, Carmen Fernández, et al. QUITO, 2007, p. 183, 184,185, 186

José de Olmos Pampite